Del 14 al 21 de octubre de 2004


Democracias infectadas • Informe Especial
Los hijos que fundaron una dinastía

Historial. Hace 20 años, José María Figueres participó en una estafa de $10 millones. Su soborno era un hecho esperado. De Calderón se tenían mejores antecedentes

El Diario de Hoy
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José María Figueres no quiere regresar a Costa Rica. Teme que lo encarcelen, al igual que otros dos ex presidentes. El Congreso pidió que lo extraditen lo más pronto posible. INTERPOL lo buscará donde esté.


Abrí la puerta de la sala de visitas del diario La Nación, de Costa Rica, y miré extrañado a aquellos dos estadounidenses: eran dos religiosos evangélicos, representantes de importantes iglesias de su país.

No les había visto jamás. Tampoco les esperaba. Cuando pregunté, a la secretaria, por las razones de la visita, me respondió que aunque no tenían cita, insistían en hablar conmigo porque querían denunciarme algo grave que les ocurrió.

“Dicen que necesitan confiarle a alguien, algo muy grave que les pasó. Juran que los persiguen y que sus vidas corren peligro”.

Con esa introducción, ningún periodista se habría rehusado a hablar con ellos.
Por eso abrí la puerta de la sala con malicia y expectación en un país, y en una época, donde no pasaban muchas cosas importantes.

Primero miré a una mujer vestida conservadoramente. Llevaba una falda muy larga. Un pañuelo le cubría su cabeza.

En su nariz se había colocado una mascarilla blanca. Después sabría que era terriblemente vulnerable a las alergias y que la contaminación de San José la agobiaba.

Al lado suyo estaba un pastor de casi dos metros de altura de una de esas importantes iglesias renovadas de los Estados Unidos.

Como movido por un resorte, me dijo sin esperar, siquiera, que nos sentáramos: “señor Fernández, los Figueres nos han estafado”.

—¿Quiénes?, pregunté.
—“Los Figueres: don Pepe y su hijo José María”— respondió.

La estafa


Esa primera conversación con los religiosos estadounidenses sucedió hace 20 años, una mañana de abril de 1984.
Los dos visitantes me mostraron unos documentos que les entregaron en la hacienda La Lucha, propiedad de José Figueres (tres veces presidente de Costa Rica y a quien se le tiene como uno de los desaparecidos iconos del poder costarricense). Se trataba de varios certificados de inversión en una supuesta mina de oro localizada al noreste de San José.

La cantidad invertida era gigantesca. A cambio de esos papeles, los religiosos habían entregado, a nombre de sus iglesias, casi un millón de dólares.
Los títulos los había emitido una sociedad anónima que se llamaba “Minas Consolidadas de Centroamérica”.
Prometían una rentabilidad muy grande, en muy poco tiempo.


A cambio de los papeles, los religiosos entregaron, a los Figueres, casi $1 millón

“Ahora sabemos que en esa mina no hay oro. No hay nada. Estos dineros no son nuestros. Son de nuestra iglesia. Nos han timado. Cuando fuimos a presentar una demanda penal a un juzgado, se nos acercó un tipo y nos dijo que, si nos atrevíamos a hacer eso, nos matarían o nos expulsarían a Costa Rica.

Nos aseguró que si a algo debíamos temerle era a don Pepe porque es el hombre más poderoso de Costa Rica”, me dijo John Norton, el pastor.
—¿Cómo decidieron invertir en esto?, pregunté.

—Porque nos invitaron a hacerlo. Vinimos a Costa Rica y nos alojaron en la hacienda de don Pepe. No sólo a nosotros nos han timado. A muchas otras iglesias de los Estados Unidos les pasó lo mismo”, dijo John.

La conversación inicial fue inusualmente larga. Cuando acabó, no dudé que tenía en mis manos un importante caso periodístico.

Después de eso, durante varios meses hurgué, luché, examiné sociedades anónimas en el registro mercantil y visité la supuesta mina que, en ese entonces, ya estaba abandonada.
También revisé cuentas bancarias, viajé para hablar con afectados y, después de varios meses, publiqué el resultado de una larga investigación periodística.

Poco antes de hacer eso, hasta me ofrecieron, en un restaurante josefino, una buena cantidad de dólares, un enviado de dos mafiosos, para que me callara, de una vez por todas.


José M. Figueres, a quien vemos descendiendo de un avión al lado de su ex esposa, gobernó Costa Rica en tiempos de Armando Calderón Sol.

El resultado de todo lo que denuncié, podría resumirse así:
José Figueres, y su hijo José María, quien después llegó a ser Presidente de Costa Rica (1994-1998), timaron en casi $10 millones a varias iglesias protestantes de los Estados Unidos vendiéndoles títulos de inversión en una supuesta “mina de oro” en la que, ni siquiera, agua se podía sacar.

Todo ese negocio lo hicieron asociados con dos hombres estadounidenses, de apellidos Rudd y Carrano, prófugos perseguidos por la justicia de su país.

A Rudd lo perseguían por inventarse una supuesta cura del cáncer y sacarle cientos de miles de dólares a cientos de personas en una clínica clandestina que estableció en Ohio.
A Carrano lo tenían como un miembro de la mafia de Nueva York que, igualmente, cometió varios delitos en los Estados Unidos.

Cuando los inversionistas corrieron a reclamar su dinero, al percibirse estafados, a los más débiles los corrieron del país y los amenazaron de muerte.

A los que aguantaron un poco más las embestidas del poder de los Figueres, les dijeron que esperaban los resultados de un negocio de más de $300 millones para pagarles.

Con las pistas necesarias en mis manos, también hurgué en ese negocio: los Figueres, y los prófugos estadounidenses, tenían un descabellado plan.

Tenían en su poder bonos fijados en oro del Tercer Reich que, supuestamente, los habían robado los nazis alemanes a los judíos de ese país que acabaron en las cámaras de gas.

Como los títulos estaban prescritos por las reglas de la renegociación de la deuda alemana que se hizo al acabar la Segunda Guerra Mundial, la administración alemana únicamente aceptaba el cobro que se hiciera de gobierno a gobierno.

Los figueres también pretendían cobrar unos bonos robados a los judíos en la segunda guerra mundial.
Tanto josé María Figueres como su padre tuvieron una extraña
relación con dos prófugos estadounidenses

Los Figueres y los prófugos -que más tarde serían detenidos y extraditados a su país- trataban de convencer, en 1984, al gobierno socialdemócrata de Luis Alberto Monge, que los cobrara.

Luis Alberto Monge me reconoció, en su despacho presidencial, que los Figueres lo estaban embrocando para que hiciera ese negocio y que, supuestamente, le darían un porcentaje al estado costarricense.

Sin embargo, no sabía que detrás de ese negocio estuviesen dos prófugos estadounidenses. Por supuesto, después de la publicación el negocio se les cayó.

No es extraño

Todo eso lo denuncié en el periódico La Nación en 1984.
Además del odio de un sector importante de la clase política costarricense, me gané, como resultado de eso, otras dos cosas: una demanda por injurias y calumnia, y una solicitud para que pagara $1 millón como daños y perjuicios.
Al final, resulté absuelto por la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica por publicar la verdad (exceptio veritatis).


El problema de Calderón y Figueres es que hicieron, de la
herencia de sus padres, una dinastía política.

También gané una grabación que todavía guardo en la que José Figueres, el fundador de la segunda República de Costa Rica y uno de los líderes más importantes de la historia de ese país, le dijo a un periodista: “Dígale a Lafitte que él, su familia, y todos sus descendientes, con una pérfidos y unos hijos de puta”.

Cuando recuerdo esa cuantiosa estafa en la que estuvo involucrado José María Figueres, además de su padre, no encuentro nada extraño en el hecho de que la fiscalía costarricense le encontrara, en sus cuentas personales, un soborno de casi un millón de dólares de la empresa francesa Alcatel, a cambio de favorecer millonarios contratos con la empresa estatal de teléfonos.

Aunque pasaron los años, todavía no logro entender cómo fue posible que Costa Rica eligiera como gobernante a un hombre con ese tipo de credenciales.

Mucho menos que llegara a presidir el Foro Económico Mundial de las Naciones Unidas, al que tuvo que renunciar, hace pocos días, después de conocerse el nuevo escándalo en el que está metido en su país, junto a otros dos ex gobernantes.

José María Figueres y Rafael Ángel Calderón Fournier, otro de los ex gobernantes enjuiciados, tienen algo en común: son los hijos herederos de todo el imperio político del bipartidismo que construyeron sus padres.

José Figueres, padre de José María, fundó el partido socialdemócrata en los años cuarenta, al lado de un grupo de importantes intelectuales costarricenses de esa época.

Rafael Ángel Calderón Guardia también sentó la base de la democracia cristiana, inspirado en la doctrina social de la Iglesia Católica y sus estudios en la universidad de Lovaina, Bélgica.

La trampa


Quizá el principio de los males de los costarricenses radica en el bipartidismo mismo.
Desde hace mucho tiempo se producen quejas y críticas por acusados arreglos entre los socialdemócratas y demócratas cristianos.


José María Figueres y Arnoldo Alemán acabaron envueltos en ruidosos casos de corrupción en sus países. Alemán está en prisión. Figueres huye.

Pero, las dificultades pueden haberse profundizado con el hecho de que, por la influencia de Figueres y Calderón en la historia política de Costa Rica, sus hijos decidieron crear de la historia, una dinastía.

Que en una misma cuenta bancaria de Panamá aparecieran sobornos para los hijos de Calderón y Figueres lo que revela es un hecho: Alcatel, la firma francesa, pagó a uno y a otro para que les aprobaran los contratos por más de $200 millones sin tropiezos.

¿Por qué era necesario hacer eso? Porque existe un acuerdo entre los dos partidos para que las juntas de directores de las principales instituciones autónomas, se repartieran en proporción de 4 a 3.
Cuatro directores le corresponden al partido que gobierna. Tres a la oposición.

Entonces, si alguien quiere asegurarse un contrato estatal en Costa Rica, lo mejor es sobornar a quienes ejerzan influencia directa en los directores de esas instituciones descentralizadas.
Quizá por eso tampoco fue especialmente difícil para los fiscales encontrar a los culpables: un tanto para uno. Otro tanto igual para el otro.

El padrino


La reputación de José María Figueres siempre tuvo techo de vidrio en Costa Rica. Además, su gobierno acabó con uno de los índices de popularidad más bajo de la historia costarricenses.
La de Rafael Ángel Calderón Fournier era distinta.

Se le reconocía que, tras la muerte de su padre, le tocó construir, extremadamente joven, un partido político bajo la marca de la democracia cristiana.

Su gobierno (1990-1994), no estuvo marcado por grandes escándalos de corrupción, como sí los mostró, históricamente, las administraciones socialdemócratas.
En esa medida, el hecho de que pillaran a Calderón Fournier en actos de corrupción significó una sorpresa para muchos costarricenses.

Su caso, sin embargo, es diferente: lo que sucedió es que él colocó a uno de sus hombres más cercanos en el instituto del seguro social.
El médico Eliseo Vargas promovió un préstamo de cooperación del gobierno de Finlandia para comprar equipo médico, exclusivamente, a una compañía de ese país.

El crédito llegó a Costa Rica aparejado de $8 millones en sobornos. Eso provocó un óleo de dinero que llegó a manos de muchos, incluído Rafael Ángel Calderón Fournier.

Lo que quedó después al descubierto fue algo que se puede describir así: muchos robamos pero al jefe mayor del partido también le corresponde una parte importante (más de medio millón de dólares).

La pregunta que se hacen ahora los costarricenses frente a la figura de Rafael Ángel Calderón es: ¿Todo funcionó, durante muchísimos años, de esa manera? ¿Esa era la manera de repartirse los botines en las compras del Estado?
La mayoría cree que sí. Por lo menos así lo demuestran las más recientes encuestas públicas.

El camino de los sobornos

Así se hizo

La empresa francesa Alcatel giró dinero a un despacho de abogados poco conocidos. Estos abrieron una cuenta en un banco de Panamá desde donde se giró el dinero a los ex presidentes costarricenses.
Figueres

No quiere regresar a Costa Rica a explicar su conducta. Teme que le encarcelen.
Los diputados pidieron que lo extraditen.

Calderón

Está en una prisión común. Le ordenaron detención provisional por seis meses mientras se examina, penalmente, su conducta.

EL FUTURO DE JOSÉ FIGUERES

Extradición
Una comisión investigadora de la Asamblea Legislativa pidió a las autoridades que extraditen al ex Presidente Figueres Olsen, quien se encontraría en Suiza.
INTERPOL
Las autoridades costarricenses también le pidieron a la Policía Internacional (INTERPOL), que lo busquen en cualquier país donde se encuentre.
Su temor
Después de hallársele un soborno de casi un millón de dólares, probablemente teme que lo encarcelen como se hizo con otros dos ex presidentes.

 


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