.8 de febrero de 2004


ESPECIAL

Roque Dalton
Un modelo para armar

“Roque Dalton murió por no haber comprendido que su papel de guía,
de nervio histórico de su pueblo debía realizarlo el poeta y no el
combatiente. Su participación en la Historia se basó en un equívoco.
Lo que de él solicitaban aquellos que lo forzaron a incorporarse a la
guerra, no eran sus dotes de militar seguramente insuficientes, sino
su renombre de poeta. Sacrificó su ser poeta en aras de la actualidad.
El tributo a la historia ha debido ser su poesía y no su vida. Fue hacia
la muerte no por haberla elegido sino inducido por un espejismo.
Pero como creador lo supo desde siempre. Por ello como creador sí
se anticipó y presintió su fin. Prueba de ello: ironías de la historia,
su novela ‘Pobrecito poeta que era yo...”. Elizabeth Burgos

David Hernández
vertice@elsalvador.com

En 1975, luego de ingresar a El Salvador el 24 de diciembre de 1973 por el aeropuerto de Ilopango como Julio Dreyfus, Roque Dalton es acusado de ser agente de la CIA por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y hallado culpable en un remedo de “juicio sumarísimo” por Alejandro Rivas Mira (alias Sebastián Urquilla), Vladimir Rogel Umaña (alias Carlos o “El Vaquerito”) y Joaquín Villalobos (alias René Cruz) integrantes de la Comisión Militar que lo juzgó y cuyo cuarto miembro, Eduardo Sancho (alias Fermán Cienfuegos) votó en contra, según escribe éste en su libro de testimonio “Crónicas entre los espejos”. De ellos sólo ha muerto Vladimir Umaña.

Carlos Eduardo Rico Mira en su obra “En silencio tenía que ser. Testimonio del conflicto armado en El Salvador (1967-2000)”, reconstruye los últimos momentos de Dalton, antes de ser ejecutado por El Vaquerito, el 10 de mayo de 1975: “... El día en que iban a ‘ajusticiarlos’, se dirigieron a la habitación donde estaba Roque y le dijeron: ‘Es hora que salgas al patio a tomar el sol’. ‘Sí, dicen que el sol cura el jiote’, se puso a reir y salió. Por la espalda lo asesinaron, le pegaron un sólo tiro entre la nuca y el occipital. Roque se derrumbó sin decir palabra.”

La acusación se basó en su fuga de la cárcel de Cojutepeque, descrita en “Pobrecito poeta que era yo...”, de la cual desconfiaba el extinto Partido Comunista de El Salvador (PCS), comenzando por su Secretario General, Salvador Cayetano Carpio, futuro “Marcial” del FMLN. ¿Qué es lo anormal en esta fuga de la cárcel? A principios de los sesenta Dalton y otros militantes salvadoreños se entrenaron en Cuba. Uno de los instructores cubanos, Aníbal Martínez (*), deserta con los “dossiers” de los salvadoreños a Miami.

Aparentemente jubilado, Aníbal vive ahora en Washington. El grupo, que debía formar parte del brazo armado del PCS, al llegar al país se encuentra con un PCS dividido entre la lucha armada o parlamentaria. La CIA envía a uno de sus agentes para neutralizar, mediante dinero o la muerte, al grupo. Según un sobreviviente, Pedro Rafael de la Cantera (*), quien vive en México como hombre de negocios, el “Míster” de la CIA que menciona Dalton en su novela estuvo efectivamente en el país desactivando al grupo de salvadoreños entrenados en Cuba; se hospedaba en un Hotel de San Salvador, y tenía apoyo de cubanos anticastristas, entre ellos Aníbal.

En Berlín
Roque en Alemania junto al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura.

El “Míster” contactó por lo menos a uno de los que formaban parte de ese grupo, Tomás Paz (*), exilado en Costa Rica luego de participar en el Golpe de Estado del 24 de marzo de 1972, a quien, aparentemente, logró neutralizar. Tomás Paz conversó con Pedro Rafael de la Cantera para que colaborara con el “Míster”, ya que del grupo que había venido de Cuba al PCS, que andaba a la desbandada, le dio la espalda. Era el sálvese quién pueda. A diferencia de Tomás Paz, Rafael de la Cantera contactó al “Míster” pero al mismo tiempo informó al PCS, por ello Pedro de la Cantera se vuelve hombre de confianza de Marcial y los cubanos.

En estas circunstancias, el PCS ordena a Dalton que se oculte, pero éste, luego de días de clandestinidad, sale a la calle; esa misma mañana se va a beber con un personaje tan misterioso como esperpéntico, Ricardo A., alias Ricardo H., al Bar “El Paraíso”, de la Praviana. Es septiembre de 1964. Según narró Dalton a Roberto Armijo en La Habana años después, tiene la certeza que Ricardo A. lo delató, pues antes de su captura ese septiembre de 1964, Ricardo A. se ausentó de “El Paraíso” y no lo vió más.

Dalton es interrogado por el “Míster”; Aníbal muestra fotos del entrenamiento militar en Cuba donde están juntos. Este detalle es obviado en “Pobrecito Poeta...”. Supuestamente Dalton no tiene más alternativa que colaborar. Cayetano Carpio recuerda esto en 1973 antes del ingreso de Roque al país, en una reunión FPL-ERP entre Felipe Peña, Alejandro Rivas Mira, Lil Milagro Ramírez y Eduardo Sancho, cerca del Parque Centenario: “En esa oportunidad, Cayetano Carpio, en respuesta al informe del ingreso de Roque Dalton, expresa sus reservas que consisten en la información que disponía el PCS que afirma sin pruebas que Roque después de estar preso y salir de la cárcel de Cojutepeque, tuvo un contacto en un hotel con la CIA, con la Embajada, eso hizo sospechar dicho en boca de su ex secretario general aduciendo que nunca pudo explicar su contacto.”, dice Eduardo Sancho en su libro “Crónicas entre los espejos”.

Pedro Rafael de la Cantera respecto al supuesto que los cubanos, transmitiendo el odio anti-poeta, anti-Dalton que tenían, instrumentalizaron a Rivas Mira para deshacerse de Roque: “Sé algo de esa historia, lo que pasa es que los cubanos ya no lo aguantaban, era odioso para ellos. Me lo dijeron y por eso rompí con ellos años después, por ver cómo trataban el caso Roque. La dueña del odio era Haydeé Santamaría y su acólito Roberto Fernández Retamar. El único que aceptaba a Roque era Fidel Castro, pero los intermedios lo odiaban, según me relató Arqueles Morales (poeta guatemalteco compañero de Roque en La Habana) y que yo comprobé. Marcial no aceptó a Roque en las FPL, pues lo detestaba por las mismas razones que lo detestaba el Chafo (Schafik Jorge Handal) –creo que lo sigue odiando después de muerto-, y es por razones ideológicas al igual que los cubanos, lo consideraban un desleal, un degenerado, un cabrón, por aquello de la doble moral de ellos”.

Roque en La Habana
El poeta tuvo muchos amigos y admiradores en la isla caribeña.

El gran capitán

Rivas Mira fue un destacado dirigente de la izquierda salvadoreña de los sesenta. Había sido el primer bachiller de la República, graduado del Liceo Salvadoreño, y estudió en la Universidad de Tubinga, Alemania. Su primo, Carlos Eduardo Rico Mira, da una valoración de él: “Cuando Sebastián Urquilla (Alejandro Rivas Mira) estudiaba bachillerato era fascista, admirador de Alemania, su Biblia era La Derrota Mundial, y Mi Lucha de Adolfo Hitler.”

A imitación del “Gran Timonel” Mao, el “choco” Mira era conocido como “el Gran Capitán”. Él y Lil Milagro eran los jefes del ERP; además, convivía con ella, relación que es rota por el noviazgo entre Lil y Dalton. Por otro lado, la mujer de Rivas Mira, Ana Angélica Meardi, también trama y urde difamaciones contra Roque.

Estos elementos subjetivos, dentro de la situación de paranoia y tensión que vivían, sumados al militarismo y desprecio anti-intelectual del ERP y “El Vaquerito”, jugaron un papel en el desenlace trágico de los acontecimientos. Hay otro detalle no tan subjetivo: cuando estudió en el Plan Básico de Soyapango, “El Vaquerito” fue alumno nada menos que de Ana Angelica Meardi; de nuevo surge ella como instigadora desde la sombra, de toda una campaña que culminará con la muerte de Dalton, por la influencia con su ex-alumno. Según diversos testimonios Vladimir Rogel Umaña, “El Vaquerito”, era uno de los más jóvenes, cuando no el más joven de todos y el de mejores condiciones físicas, al grado que en los entrenamientos era capaz de desenfundar la pistola y disparar mientras daba una voltereta en el aire, y esto varias veces.

“El Vaquerito”, que terminó “agarrando paja” de ser “jefecito” por la protección del “Gran Capitán”, le da a Roque Dalton durante su captura una paliza, él sabe que goza del visto bueno del “choco” Mira y de Angelica Meardi, que veía en Roque alguien que opacaba a su marido. Al respecto Carlos Eduardo Rico Mira escribe: “(El Vaquerito) era jefe militar y era capaz de todo. Levántate culero, respóndeme como hombre sino quieres que te haga mierda a vergazos... Roque guardaba silencio en el suelo. Repentinamente lo agredió a patadas como a un perro, lo agarramos para evitar que la golpiza continuara. Y como loco vociferaba, suéltenme que tengo ganas de matar a pura verga a este intelectual de mierda.”, señala (En silencio tenía que ser, Pág. 110)

Cuando Rivas Mira huye del ERP robándose varios millones de dólares, Ana Angélica Meardi hubiera sido la clave para descubrirlo, de habérselo propuesto en serio la organización estafada. Con una cirugía plástica, Rivas Mira sólo podía ser detectado por su mujer, la “chele patanga de hombros caídos” y su inconfundible manera de caminar.

Desde entonces Rivas Mira ha desaparecido, lo hacen en México, Guatemala, Alemania, Inglaterra y hasta en China. Esto es lo de menos pues él, al igual que sus secuaces, siguen siendo lo que siempre fueron, un cero a la izquierda. Donde quiera que esté carga con la maldición eterna de haber sido el autor intelectual del asesinato del más grande poeta que ha dado El Salvador, Roque Dalton García.

Pedro Rafael de la Cantera evalúa al “Gran Capitán”: “Marcial no estaba en el país cuando asesinan a Roque... Por razones pragmáticas creo que Marcial se habría opuesto al ajusticiamiento. Ahora Eduardo Sancho escribe que esa afirmación de Marcial fue determinante. No sé si Sancho se hace el tonto o siempre lo ha sido, es probable que así sea. Pero yo no creo su argumento, más bien está tratando de echar el muerto a Cayetano, quien tenía intuición política, mientras que los otros eran grandes locos...

Una postal familiar
Roque junto a su hermana Margarita, tambien escritora, en México en 1964.
“Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana”. Eduardo Galeano, uruguayo

La revaloración de un escritor
El mapa cultural salvadoreño que en los noventa se expresó en la revisión de la historiografía literaria, llama la atención de los centroamericanistas en EE.UU. y Europa por la redefinición de los cánones literarios y culturales desde la perspectiva de los procesos de desarrollo después de la firma de los Acuerdos de Paz.
Terminada la confrontación civil, escritores que habían sido anatemizados y prohibidos, “poetas malditos” como Oswaldo Escobar Velado, Roque Dalton y Manlio Argueta fueron editados por la Dirección de Publicaciones mediante una labor de rescate de su obra. De Dalton salieron “La ventana en el rostro” y la antología “La humedad del secreto”. Paralelo a este nuevo canon literario viene el reconocimiento político.
El Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), admitió el error de su asesinato; la Asamblea Legislativa lo declaró “Poeta Meritísimo”; la Universidad Nacional le erigió una estatua. Dalton es punto cardinal de las letras nacionales.

En el caso teorético de que Roque haya sido reclutado por la CIA, eso no se sostiene... Roque se va a Checoslovaquia... ¿Y ahí qué podía hacer? Sólo beber mucho más... No te olvides que la compañía no recluta pendejos, ni bajeros, ni inefectivos. ¿Qué podía hacer alguien como él que ni siquiera sabía hablar inglés? Considerar a Roque como agente de la CIA es una gran patraña del PCS y de todos los políticos de izquierda anti-poetas. No creo que los cubanos acepten esta acusación, no obstante el rencor que le tenían...

El origen de esta tragedia fue la pequeñez, la mezquindad –cuyos brotes, aún desde México, siento que todavía existen, y ahora quizás más malignos-, el temor a que Roque le quitara luz y protagonismo al ‘Gran Capitán’ y sus adláteres; y se la estaba quitando, explicable por su brillantez, su experiencia, incluso por su edad, pues los otros no pasaban de los 25 años; y algo más, eran ‘niños bien’, socialcristeros, virgas, y virgos que ni siquiera habían ido donde las putas, provincianos, cuyo mundo no pasaba del Camino Real, de la Escalón, de la Universidad Nacional, etc...

Con todo y su problema de alcohol, Roque era una de las personas más brillantes que he conocido; además, un bolo no tiene por qué dejar de ser brillante. La borrachera se quita al día siguiente pero la estupidez no, y esto es lo que pasó con el ‘Gran Capitán’ de mierda & su Cía. de lobos.”

Revivir al poeta

Roque Dalton es el referente de la moderna literatura salvadoreña. Sobre sus desencuentros con los poetas sargentones de La Habana, reflexiona Pedro Rafael de la Cantera, testigo de ese tiempo: “El odio a Roque Dalton, según Arqueles Morales, provenía de la ‘loca, lesbiana e hija de puta Haydeé Santamaría’, directora de Casa de las Américas, quien lo llamaba despectivamente ‘el ciudadano Roque Dalton’; me sorprendió cuando Arqueles dijo esto, supongo que él fue afectado por esta tendencia, ya que él también bebía, y en una sociedad de doble moral como la cubana, los extranjeros críticos con algunos puntos de la revolución, sin temores reverenciales por venir de sociedades irreverentes como las guanacas y chapinas, eran algo que no cuajaba en el ‘buen gusto’ revolucionario.

Los cubanos no entendieron nunca que nosotros veníamos de ejercer la libertad de expresión, de crítica y autocrítica aún a costa de todo riesgo, la irreverencia era algo generacional en la sociedad guatemalteca y salvadoreña, anarcoides, algo que para acabar de joder, se incrementa más con el alcohol.”

Elizabeth Burgos, quien junto con Regis Debray conoció en 1966 a Roque Dalton en Praga, Checoslovaquia, tiene su propio punto de vista sobre los hechos.

Un acuerdo entre Rodolfo Parker y René Aguiluz calmó aparentemente el agua de los pescados. Hoy se vuelve a revolver.

Burgos, diplomática francesa de origen venezolano, ex-esposa de Debray, ex agente secreta del G-2 cubano, y amiga entrañable de Roque Dalton en Praga, París y La Habana sintetiza su figura: “...

Al poeta tal vez le hicieron un servicio asesinándole -lo que no exime a los culpables. Su muerte hará resurgir al poeta: su obra es el mayor tributo que habrá legado a su país...

A los asesinos, la historia los ha puesto en su sitio: ayer fueron actualidad, hoy son apenas una actualidad pasada. Aparecen con su verdadero rostro al descubierto: el de la ambición y el simple afán de poder.”

(*)Aníbal Martínez, Pedro Rafael de la Cantera y Tomás Paz aún viven y son citados con un nombre ficticio, por comprensibles motivos de seguridad

David Hernández, es PhD en Filología, escritor y periodista salvadoreño-alemán, reside en Alemania. Recién obtuvo el Premio Nacional de Novela Embajada de España Alfaguara, por su novela "Berlín años guanacos"

Momentos vitales
A mediados de la década de los 50, en San Salvador, junto al poeta guatemalteco Otto René Castillo, fundó el Círculo Literario Universitario, el cual fue el germen de un movimiento que renovó la literatura salvadoreña.

14 mayo 1935
Nace el niño Roque Dalton García, hijo de Winnal Dalton y la salvadoreña María García.
México 1961
Dalton publica su primer libro: “La ventana en el rostro” y es reconocido en América Latina.
Habana 1969
Con su poemario “Taberna y Otros Lugares” ganó el Premio Casa de las Américas.
10 mayo 1975
Muere asesinado en San Salvador, a manos de sus propios compañeros, luego de un juicio interno.
1981 y 1989
Póstumamente se publica su novela “Pobrecito Poeta que era yo” y “Un libro levemente odioso”.


Créalo o no
“Cuando sepas que he muerto
no pronuncies mi nombre”

En su libro “En silencio tenía que ser”, el autor Carlos Eduardo
Rico Mira, cuenta algunas historias compartidas con Roque Dalton
en La Habana y en una sesión espiritista.

David Hernández
vertice@elsalvador.com

Carlos Rico cuenta algunas historias compartidas con Roque Dalton en vida y... después de su muerte. Una de ellas la habría vivido con el espíritu del poeta asesinado.

El cumplimiento de algunas revelaciones hechas en aquella sesión, como el fin del conflicto, le dieron la certeza, de que, aún desde el más allá, Dalton abogaba por la pacificación del país. A continuación reproducimos el texto:

“Antes de la firma de Acuerdo de Paz, mi querida amiga B.B fiel creyente del espiritismo me invitó a asistir a una sesión de ese tipo, por consideración a ella y que no soy dogmático fui a la sesión, la médium era una persona mayor, de mucha confianza y estima. Iniciamos la sesión, todo se desarrolló tranquilamente, al final B.B me preguntó: ¿Quiere convocar a alguien en especial? Vacilé un poco y respondí: a Roque Dalton. Es necesario aclarar que con ella nunca había conversado sobre la forma en que conocí a Roque. Transcurrieron varios minutos luego la médium levantó su cabeza y comenzó a hablar: ¿Qué tal bachiller?, gracias por llamarme, pensé que nunca saldría del lugar en que me encontraba.

Roque en La Habana me decía bachi o bachiller, sin embargo no era algo sorprendente, pero comenzó a decirme que donde estaba se reunían con el General Martínez y otras personalidades para trabajar por la paz en El Salvador, que ya no había espacio para la guerra, que habláramos con el Mayor d´Aubuisson, que era patriota y que de veras quería la paz. Para mis adentros, en la mente me decía: ¡Cómo va a ser Roque! Todo un revolucionario, propulsor de la lucha armada, guerrillero de corazón, hablándome de la paz y con el Mayor d`Aubuisson, eso es la locura.

De repente, dijo Roque: ¿Estás dudando Bachiller?
Pancho: Pues sí, el Roque que yo conocí no hablaba así.

Roque: ¿Te dice algo el nombre del Dr. Fabio Castillo Figueroa?
Por medio de él, nos conocimos.
Con eso sí me sorprendió, ese hecho lo conocíamos él y yo, nadie más de los que estaban en el lugar. Me quedé con la duda. Después de la firma de Chapultepec, cuando se buscaba la tumba, los restos, y fracasaron los intentos, recordé la sesión espiritista, le expliqué a mi amiga B.B. la situación y le pedí una nueva reunión con Roque, y así lo hicimos.

Roque: ¿Qué tal bachi? Por fin se logró la pacificación del país.

Pancho: Sí hombre, con la participación clave de d´Aubuisson.

Roque: ¿Te acuerdas que te lo dije?

Pancho: Sí, pero no creí. Ahora vengo por algo bien concreto. Se está haciendo un esfuerzo por recordar hechos específicos de la historia reciente, se están buscando tus restos pero se ha fracasado en el intento, las referencias se han perdido.

Roque: Bachiller, ¿qué importancia tiene un puñado de huesos? Lo importante es la obra que en vida hiciste, lo demás es pura vanidad.

Pancho: Pensé que podrías darme pistas.

Roque: No, bachi, no es necesario, basta que me recuerden, que reproduzcan mis libros, nada más.

Pancho: Los más interesados son tu familia, Aída, tus hijos.

Roque: No te preocupes, me haré cargo de eso, tranquilizaré sus espíritus. En el lugar que ustedes suponen que están mis restos pueden hacer un parquecito para que los poetas jóvenes den recitales de sus poemas.
Recientemente estuve de visita en la ciudad de La Habana y visité a Aída, la viuda de Roque, en el apartamento de la calle J No. 162, conversamos largo y tendido, me contó que un amigo que era médium le relató que los restos de Roque estaban entre árboles y había un caminito cerca de la tumba, lo cual era cierto, y que Roque no estaba interesado en que encontraran sus restos sino que lo recordaran por sus obras, que hablara con ella y sus hijos al respecto.
Quedé sorprendido por la coincidencia de lo que había hablado conmigo y el mensaje para su familia.

El mensaje era casi textual, de hecho sus hijos sobrevivientes querían ubicar el lugar exacto, encontrar sus restos. Aída me contó que en ese momento, casi veinte años después, ya estaban mas conformes y decidieron dejar que las cosas fueran como Roque quería”.


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