8 de febrero de 2004


CARTAS

Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com

Jóvenes y las elecciones

El tema de las votaciones anda en boca de todo el mundo, en los jóvenes no es la excepción, cientos de miles de jóvenes mayores de 18 años están llamados a emitir el sufragio el próximo 21 de marzo y no todos están convencidos a quién le otorgarán su voto para elegir al próximo Presidente de la República.
Se respira en el ambiente la usual incertidumbre de quién es el mejor para el cargo y en muchas ocasiones se evalúa a groso modo el comportamiento de los candidatos; no se necesita ser experto en política para hacerlo, basta con ver las noticias y darse cuenta de lo que su imagen proyecta: uno que trata de enfocar al país como una empresa patriótica, el otro que lo contradice y, sin embargo, hay que ir a votar por alguno de ellos.
Muchos votan por el partido de su conveniencia sin lograr identificar en qué sentido; otros lo hacen por pura tendencia familiar, cuando la mamá les comenta que si gana éste, se queda sin trabajo; son pocos los que en realidad tratan de conocer a los aspirantes a la presidencia indagando en sus planes de gobierno.
Aprovecharse de los jóvenes sería un grave error. No se han escuchado propuestas concretas en cuanto a la juventud; siempre es un sector olvidado y que solo cuando les convienen a los partidos se dice que “la mayoría de los jóvenes se ven reflejados en determinado candidato” y al final de cuentas son ellos mismos los que se sienten incapaces de involucrarse en las necesidades del país. No son escuchados.
Habría que evaluar si en realidad los candidatos no han dejado abandonado este sector tan importante en la sociedad o lo están explotando ideológicamente con pura propaganda política.


Rhina Eunice Rojas
rhinaeunicerojas@hotmail.com

Los “señores” motoristas

Sólo de payasito vea maje” fueron las palabras de un señor microbusero de una coaster de la ruta 41. El señor conductor se molestó por que yo venía en mi carril y no me hice a un lado (¡sobre la cuneta!) y como siempre ellos jugando a las carreras con otra coaster.
No sé por qué el gobierno deja los problemas hasta que ya no se pueden controlar.
Así como ha pasado con todos los problemas que han ido creciendo, así este es un problema bastante grande y cada vez crece más y más.
La semana pasada pude ver como un microbús de la ruta 30 golpeaba a un vehículo particular y se marchó tranquilamente. Talvez el gobierno no puede hacer nada porque muchos políticos tienen unidades de transporte público.
Pero, en realidad, en las calles aparte de luchar con el tráfico pesado, se tiene que tener cuidado de que no lo golpeen a uno los señores conductores de las coaster.
Tal vez el nuevo gobierno, quien quiera que sea, pueda hacer algo, ya que en las campañas electorales no se oye nada acerca de este gran problema.

Erick Helena
erickhelena@hotmail.com


Auxilio desde Sinaloa

La inseguridad y la violencia han llegado como nunca a los niveles más altos en un inicio de año en Sinaloa. Más de dos asesinatos diarios, sin contar los otros actos criminales.
Juan S. Millán y sus operadores de seguridad son culpables por ineptitud y negligencia. Por actuar con omisión, dolo, y consentimiento hacia los actos delictivos.
Los sinaloenses somos víctimas de asesinos y gobernantes. Por la ola de terror y miedo en que vivimos no sabemos si el gobierno junto con los delincuentes son culpables de varias de las muertes. La autoridad -al justificar los actos criminales- invita a la impunidad.
Gonzalo Armienta Calderón, en la Secretaría General de Gobierno, es el segundo responsable de esta situación; es una figura decorativa, una antigüedad en el gobierno, nunca se le habían fugado tantos reos de las cárceles de Sinaloa a un secretario general. Nunca las cárceles habían estado tan mal, ni los órganos de seguridad que él controla, tan ineptos. Ni la justicia que supervisa tan fácil.
El concejo estatal de seguridad creado para pasarle a la ciudadanía la responsabilidad de la violencia en el Estado no funciona por el miedo que infunden. El valor cívico de los sinaloenses no es suficiente para solicitar su renuncia, o en su defecto exigir su castigo, porque de los delincuentes sólo ellos saben quiénes son y dónde están.

Marta Rojo Bermejo
marearoja2004@todito.com



Sobre la familia Araujo

No me conocen, pero yo soy una descendiente de Araujo. Explico: mi bisabuelo (y tatarabuelo) se llamaba Modesto Araujo y el tenía varios hijos de los cuales dos de ellos se llamaban: José Manuel Araujo y José Luz Araujo.
El señor José Manuel tuvo una esposa de la cual no recuerdo su nombre (con quien tuvo varios hijos) y también tuvo una señora aparte con la que tuvo 11 hijos ilegítimos (mi papá era hijo de este señor). El señor José Luz Araujo tuvo una esposa con la que no tuvo ningún hijo; pero sí los tuvo con muchas otras mujeres; una de ellas era mi bisabuelita, la madre de mi abuela materna.
La razón por la que escribo es porque el Dr. Manuel Araujo se parece enormemente a mi papá. Si no fuera porque las fotos son en blanco y negro y que este señor tiene tremendo bigote, diría, que es la misma persona. Estoy muy curiosa por saber más de este señor.
Espero que alguien me conteste y que podamos corresponder. En mi caso, responderé a todas las preguntas sobre la familia Araujo; mi abuelita tiene muchos recuerdos de Don José Luz Araujo y me dará un placer responder a las preguntas. Nosotros vivimos en Canadá y nos interesamos por nuestras raíces salvadoreñas.

Meybel Granados
meybel.granados@sympatico.ca


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