Jueves 18 de noviembre


La Unión
Crimen trae más misterios

Un joven fue asesinado por sicarios que llegaron del mar. Esta es la versión del padre del muerto.

Francisco Ayala Silva
El Diario de Hoy

"No fue venganza, fue odio", dice Buenaventura Quinteros. Habla del asesinato de su hijo adolescente, la noche de viento del lunes 25 de octubre en las playas grandes de El Tamarindo, en el extremo sureste de La Unión.

El pasado jueves, El Diario de Hoy relató el asesinato de Freddys Alexander Canales Quinteros basado en versiónes de policías y vecinos. La familia del muerto había huido de la playa.

Esa noche, Buenaventura Quinteros habló a El Diario de Hoy para contar su historia. Él era el blanco de los asesinos, los vio a 10 metros, y su hijo adolescente murió en su lugar.

Gente del mar

Freddys Alexander era su hijo, producto de una unión natural. Tenía 17 años y había estudiado: completó el tercer grado. Una infección lo dejó sordo del oído derecho.

Ese lunes salió a pescar con su padre, como todas las madrugadas. Regresaron a las 3 de la tarde. Freddys jugó futbol en la playa de su última tarde.

A las seis ya se había bañado y estaba cenando; vio programas en la televisión de baterías de su padre (no hay electricidad en la colonia Milagro de Dios de la punta El Tamarindo). A las 7, cuando ya era noche, salió de la casa paterna (un rancho de tablas) al galpón que servía de bodega para motores y redes de pesca. Dormiría con "Boy" su perro, un animal grande.

A las 7:30, su padre se frotaba la cabeza con agua florida para la insolación. Dormiría vestido para esperar la madrugada, cuando escuchó al perro ladrar. "¿Qué es esto?" preguntó a nadie y caminó a la puerta, la abrió y, en la penumbra, vio a su hijo sometido por tres encapuchados con ametralladoras. Le preguntaban "¿dónde está tu tata?".

Piratas

Habían llegado desde el mar, en una lancha. Buenaventura Quinteros saltó al monte, rodó por las milpas, llegó al caserío y "lloré por ayuda", asegura.

Él recuerda a los hombres que lo ayudaron: Felícito Gómez, Facundo Sáenz, y Pablo Vázquez Cuevas. Salieron con machetes. Los asesinos los recibieron a tiros.

Dos hombres cayeron heridos. "Señor, ¿qué anda haciendo? regrese a su casa", gritó un asesino a un herido.

Buenaventura Quinteros tuvo que huir otra vez. Un joven del caserío prestó su lancha para llevar a los heridos; un amigo le prestó su celular para hablar al 1-2-1. Una patrulla de caminos llegó desde los alrededores de La Unión.

Muerte en el mar

En la casa de tablas, la esposa y los hijos de Buenaventura Quinteros yacían en el suelo, asustados. Escuchaban los golpes en el cuerpo de Freddys Alexander, los gritos para que delatara a su padre. "Déjenme ir para que lo busquemos juntos", contestaba el hijo.

Se lo llevaron en una lancha. Su cuerpo apareció el 27 de octubre, con la marea baja en una playa rocosa. Tenía golpes en brazos, cuatro disparos de AK-47 (la policía dice que fue uno). Su cara tenía la deformidad grotesca de 48 horas en el agua. Su padre lo reconoció por las manos, grandes como las de un pescador.

Buenaventura Quinteros asegura conocer la identidad de los asesinos.

Es una banda de delincuentes nicaragüenses y salvadoreños que operan en la parte sureste del golfo de Fonseca, dedicados al contrabando de drogas, artículos y, ocasionalmente, al robo y al asesinato.

Él asegura conocer sus nombres, "pero la Fiscalía no ha querido tomarme declaración", asegura. Esta afirmación no pudo ser comprobada por El Diario de Hoy.

La Unidad de Investigación Criminal de la PNC si investiga el caso. Pero no pueden dar detalles: los asesinos siguen libres y podrían huir. Tácitamente, admiten la existencia de la banda.


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