Jueves 18 de noviembre


Empate decepcionante

Cerrados los espacios de maniobra y con hombres resignados a la marca rival, Alianza y Limeño convergieron en un empate a cero decepcionante.

Roberto Aguila
El Diario de Hoy

Lo que mostró Alianza y Municipal Limeño en este desabrido empate a cero, se puede resumir en una frase: incapacidad para librarse de la marca rival.

Porque eso es lo que imperó en noventa minutos monótonos, de pelotas perdidas inocentemente, de forcejeos inútiles y de ausencia total de coherencia entre la línea de volantes y los delanteros.

Alianza tuvo mayor tiempo la pelota y se mostró con una mínima voluntad de hacer fútbol ofensivo. Pero careció del conductor idóneo que administrara la pelota con sentido penetrante, y que abriera espacios de maniobra para conseguir mayor acercamiento entre volantes y delanteros.

Al principio fue Milton Meléndez el que intentó hacer esa función, pero no tuvo capacidad para tomar las riendas del equipo y terminó asfixiado entre el mar de piernas defensivas de Limeño.

Tras la lesión de Meléndez ingresó Wilfredo Arriaza Nerio, pero Alianza no cambió su fútbol de choque apenas disimulado en el trabajo de Ramiro Carballo, que fue el único que trató de ampliar el frente de ataque albo maniobrando preferentemente por el lado izquierdo.

De manera que ganaron siempre los defensores limeños, con marca sin pausas y una gran voluntad para cerrar los espacios desde el propio centro de arranque de los volantes albos.

¿Qué hizo Limeño?

Exactamente lo mismo que Alianza: incapaz de salir dominando, de juntarse para conseguir apoyo colectivo, y aferrado a la búsqueda de Rudy Corrales como solución a sus problemas ofensivos.

Limeño apenas consiguió elaborar un par de jugadas de peligro, pero mal finalizadas porque no tuvo serenidad para para definir.

También perdió la pelota con enorme inocencia, porque ninguno de sus hombres tuvo un manejo aceptable y terminaron arriesgando mucho en maniobras personales sin carácter.

En ese panorama, el partido derivó en ausencia total de predominio. Ganaba la pelota Alianza, y la perdía en el segundo toque. Municipal Limeño, lo mismo.

Entonces el partido fue de los defensores. Y no por alta jerarquía y un trabajo excelente, sino porque nadie era capaz de tomar el control del juego.

Y cuando se dieron las expulsiones de Adonay Martínez y de Manuel Murillo, el encuentro se hizo más monótono, de conformidad para ambos.


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