Lunes 23 de agosto


Aclarando amanece

El centro y las extremas

Carlos Sandoval

Decía Pascal que "no se muestra la grandeza por estar en un extremo, sino tocando los dos a la vez". Mutatis mutandis, este mismo pensamiento se podría aplicar a los partidos que dicen llamarse del centro o de la tercera vía, pues aunque aleguen que abjuran de las extremas siempre dependen de ellas, en una u otra forma. El centro puro es una ilusión. La tercera vía -que está de moda en Europa gracias al espaldarazo de Tony Blair, primer ministro británico y Gerhard Schröeder, primer ministro alemán- ha resultado ambigua, indefinida, confusa. Por su vacuidad lechosa se le conoce como "la vía láctea".

Lo mismo sucede con el centrismo salvadoreño agrupado en torno a la coalición Centro Democrático Unido (CDU), pues sigue la misma tendencia socialdemócrata europea al pretender situarse en medio de las extremas. Convergencia Democrática, por ejemplo, la principal promotora del tercerismo en el país, ha criticado de manera insistente a las extremas representadas por ARENA y el FMLN, diciendo que son las causantes de nuestra frágil democracia y de la poca participación del pueblo salvadoreño en los asuntos políticos. La polarización de ambas fuerzas, alegan, ha desmotivado a la ciudadanía en el ejercicio de sus derechos políticos, especialmente el del sufragio. Ante el mal de las extremas, pues, la ciudadanía debe optar por una política centrista.

Sin embargo, el CDU padece del mismo error de ARENA y del FMLN al no haber podido definir, hasta la fecha, su identidad política. ARENA no sabe todavía cuál es su ideología, pues cuando le piden a sus dirigentes que la definan, responden que es la economía social de mercado con lo que confunden una concepción social con un modelo económico. Igual sucede con el FMLN cuando le demandan a sus dirigentes que delimiten su "socialismo revolucionario", pues se enredan en una serie de explicaciones vagas, generales y abstractas. Es decir, que ni el centro (CDU) ni la derecha (ARENA) ni la izquierda (FMLN) tienen una idea clara todavía sobre cuál es su Carta de Principios o su pronunciamiento ideológico, lo que equivale a decir que ignoran cómo encarar la problemática social, económica y política de la realidad nacional. Esto es muy importante tomarlo en cuenta porque las ideologías no son etiquetas o marchamos, sino la esencia que inspira, motiva y dinamiza a los partidos en todas sus actividades. Los requerimientos políticos de la Declaración de Principios, como es bien sabido, se satisfacen con los Programas de Acción en donde se consideran las soluciones que cada partido ofrece a cada uno de los problemas.

Permítaseme una digresión para decir que en un programa televisivo, Hablemos Claro, un funcionario del presente gobierno confundió la plataforma electoral con el Plan Nacional de Desarrollo. Son cosas completamente distintas. Un gobierno no se puede contentar con la simple plataforma programática que lo llevó al poder, sino que debe elaborar un verdadero plan nacional de desarrollo en donde se contemplen todos los aspectos económicos, sociales y políticos del país, así como sus programas sectoriales. De lo contrario, el país caminará cojo, sin rumbo, sin metas precisas. La falta de un Programa Nacional de Desarrollo es lo que está creando mucha duda, incertidumbre y confusión en la opinión pública, especialmente en los sectores laborales. La gente no sabe todavía, por ejemplo, si se va a privatizar o no el Seguro Social y por eso mismo es presa fácil de los alborotadores de izquierda.

Volviendo al tema del centro o de la tercera vía, es necesario reconocer que tampoco sus mentores ideológicos, Anthony Giddens -La tercera vía- y Bodo Hombach -Una salida, la política del nuevo centro-, han definido satisfactoriamente en qué consiste el nuevo sistema social. La misma palabra centro es muy ambigua. Gramaticalmente significa punto equidistante de todos los de una circunferencia, punto de convergencia, lo más apartado de los extremos. Por extensión, el centro político significaría el medio entre la extrema izquierda y la extrema derecha. Pero inmediatamente nos damos cuenta de que la tercera vía no se desliga de ellas sino que se sitúa en las dos a la vez, como diría Pascal. Lo único claro que hay es que la tercera vía trata de superar, por una parte, el socialismo real con las estatalizaciones, la centralización económica, del partido único, el centralismo democrático, etc. y, por la otra, el liberalismo con la absolutización del mercado, la pasividad del Estado, el descuido a los problemas sociales, etc.

Al tratar de definir la tercera vía en el terreno económico, Tony Blair dice que "nuestro enfoque no encaja ni en el laisser-faire ni en la intromisión estatal". Es decir, que la tercera vía está en contra del liberalismo clásico del dejar hacer y dejar pasar y del socialismo dueño y señor de todos los bienes y servicios. "La función del gobierno -dice Blair en La tercera vía- es favorecer la estabilidad macroeconómica, desarrollar políticas fiscales y de bienestar que fomenten la independencia, no la dependencia, dotar a los ciudadanos de los elementos necesarios para poder trabajar, merced a una mejora de la educación y de las infraestructuras, y apoyar a la empresa, especialmente a las industrias del futuro, basadas en el conocimiento. Y nos enorgullece el sabernos respaldados por los empresarios y por los sindicatos".

Si nos fijamos bien, esta es la misma función que tiene el gobierno dentro del neoliberalismo. Por ello es lícito concluir que el centrismo o la tercera vía no es otra cosa que neoliberalismo disfrazado.


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