Viernes 22 de septiembre


¡Última!

La ciclista estadounidense nacionalizada salvadoreña Maureen Kaila Vergara terminó última en la carrera por puntos, junto a otras cuatro competidoras.

Cristian Villalta
El Diario de Hoy

El discretísimo desempeño de Maureen Vergara en la carrera por puntos, la noche del jueves, en el impresionante Velódromo "Dunc Gray", al noroeste de Sydney, admite tantas excusas como agujeros un papel. El peligro es que, de agujero en agujero, del papel sólo queda confeti para no festejar nada.

Supimos, extraoficialmente, que una compañera del equipo de ciclismo estadounidense con que Maureen suele participar en Oakland sufrió un gravísimo accidente competitivo. La chica murió, según se enteró Vergara a menos de 30 horas de su debut australiano.

Minutos antes del evento, Maureen tuvo un pequeño problema con el uniforme, y debió ocultar el logo de uno de sus patrocinadores con un esparadrapo por cuestiones reglamentarias.

En los últimos meses, la estadounidense nacionalizada ha prescindido de su entrenador desde 1998, el americano Fredy Markham. No fue Markham, sino su hermano quien la estuvo auxiliando en todos estos días.

Podríamos añadir el clima, un viaje por avión matador, la comida; lo malo de estos argumentos es que las restantes dieciséis ciclistas que ayer la relegaron al último puesto también estuvieron expuestas a esos mismos factores. Por ende, no sirven para racionalizar una tarde fácilmente olvidable.

Currículo y posibilidades

Paradoja. De los cinco salvadoreños que ya cesaron su participación en Sydney, Maureen, dueña del currículo más impresionante, fue la de más humilde desempeño. La quinto lugar de Atlanta '96 en esta misma modalidad, doble oro en Maracaibo '98 y tercera del mundo en Atenas, hace apenas cuatro años, no vio una.

Ocho horas antes del pistoletazo, Maureen no se dejó ver en la residencia salvadoreña dentro de la Villa Olímpica. Lo único que supimos de ella antes de la carrera fue que estaba de buen ánimo cuando, junto a otros compañeros, apoyó a Eva María en la sesión final de los 69 kilogramos de halterofilia.

Intuición, pesimismo, tirantez, llámenle como quieran. La verdad es que al sólo sentarnos en el Velódromo pensamos que la veterana de 36 años no reeditaría sus mejores jornadas, no digamos para subirse a podio pero tampoco para colarse al menos entre la primera mitad del pelotón. El accidente que sufrió en noviembre pasado, cuando un auto, a sesenta millas por hora, la atropelló, obligándola a una cirugía de nervio espinal, así como declaraciones que vertió en Grecia el 20 de marzo pasado -"mis planes son retirarme después de Sydney, porque el accidente me redujo el gozo de competir"-, abonaron a nuestras suspicacias.

Carrera sin historia

De la carrera podemos decir muy poco. Maureen tuvo sus momentos, pero no duraron siquiera una vuelta entera de las cien que contempla el formato de este evento.

En la carrera por puntos, que supone un recorrido de 25 kilómetros, divididos en diez etapas de diez vueltas cada una, las primeras cinco atletas en alcanzar la meta al término de cada fase (décima, vigésima, trigésima vueltas, y así en orden sucesivo) consiguen puntos, que se suman al final del trayecto. Vergara no consiguió ni un dígito, algo en lo que no estuvo sola, pues tampoco Fen-Fang Fang, de China Nacionalista, la británica Emma Davies, la austríaca Michaela Brunngraber ni la japonesa Akemi Morimoto cogieron un puntito para la honra.

En tanto, la mexicana Belem Guerrero y la colombiana María Luisa Calle, rivales que hace dos años fueron tábula rasa para Kaila, se colaron en la repartición de unidades. La azteca se quedó a tres puntos del bronce.

Debe decirse, en beneficio de Maureen, que cuando quiso rebasar por afuera (sobre todo en las vueltas cinco, setenta y uno y ochenta ocho) se topó con la cobertura de la italiana Antonella Bellutti, a la postre ganadora del oro con 19 nomios. También es necesario subrayar que gozó de la punta en un par de ocasiones, pero menos tardó en voltear la cabeza a la izquierda para controlar a sus perseguidoras que en dejar abierto el flanco derecho, donde se le colaron a placer la alemana Judith Arndt, la holandesa Zijlaard o la rusa Sliosussareva.

Al final de la carrera, Maureen prefirió no rendir declaraciones. Visiblemente desilusionada, acaso inconforme con este, que podría ser su retiro de la competencia, la descendiente directa del prócer Manuel José Arce desapareció entre la multitud que abandonaba el "Dunc Gray".


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