Martes 4 de julio

























"Don Rafa", el zapatero remendón

Bajo la sombra acogedora de un bejuco de güisquiles y de varias palmeras, don Rafael Valle Guzmán, de 63 años, se gana la vida desde hace 35 años remendando zapatos en uno de los jardines del Asilo Sara Zaldívar en San Salvador.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos Alex Sanabria

La jornada de don Rafael, de tez trigueña, ojos cafés oscuros y escaso cabello, casi una calvicie, inicia a las tres de la madrugada con sus oraciones matutinas.

Después de encomendarse al Supremo Creador realiza varias "lagartijas" y ejercicios abdominales, a pesar de la invalidez parcial que padece en ambas piernas.

Cuando las agujas del reloj aún no han marcado las cuatro de la mañana se prepara una taza de café y el desayuno, después realiza su aseo personal y se dirige a su pequeño taller de zapatería, ubicado en uno de los jardines del asilo, ubicado a unos pocos pasos del dormitorio.

La zapatería, que mide unos dos metros cuadrados de ancho y de largo, construida por él mismo, está hecha de lámina vieja, plásticos y pedazos de cartón.

En un letrero pegado sobre un árbol, con letras blancas y fondo negro, se lee un anuncio que dice "Se refacciona calzado", con el que don Rafael promueve sus servicios entre los vecinos y las personas que circulan sobre la Calle Irazú, en la colonia Costa Rica de San Salvador.

Jardinero y zapatero

A pesar de su edad, don Rafael, quien no tiene familiares, trabaja en varios oficios. Además de ser zapatero, oficio que aprendió en el asilo, también se dedica a cuidar el jardín, en el que ha instalado desde hace varios años su taller.

"Cuando el zacate y la maleza están grandes, afilo mi cuma y tengo que chapodarlo, para que todo luzca muy bonito y ordenado", afirma el anciano, quien invierte sus pocas ganancias en adquirir suelas, clavos, pegamento y otras materias primas para su labor.

"Los motoristas y otros amigos que laboran en el asilo son los que me hacen el favor de comprarme las tachuelas, la pega, el cuero y las tapitas que se utilizan para reparar el calzado", dice don Rafael, quien utiliza un par de muletas para caminar.

Debido a que en los últimos meses, la demanda de trabajo no ha sido mucha, el señor Valle pasa casi todo el día sentado en un viejo banco de madera, esperando que algún cliente le lleve algún remiendo.

"En algunas ocasiones no hago nada, ya que el trabajo está bastante malo, pero a pesar de todo tengo algunos clientes que de vez en cuando me traen unos remiendos", señala el longevo, quien cierra su taller a las seis de la tarde, ya que no tiene energía eléctrica.

Las actividades cotidianas de don Rafael finalizan a las siete de la noche, cuando se va a la cama a descansar y a prepararse para iniciar con energía y entusiasmo un nuevo día.

Orden presidencial

Don Rafael Valle Guzmán es originario de Nueva Concepción, Chalatenango. Debido a la muerte de sus padres, a la edad de cuatro años quedó huérfano y desamparado.

Gracias a la ayuda de personas caritativas que lo recogieron y lo criaron fue llevado a la hacienda "La Quinta", ubicada en esa jurisdicción, en donde aprendió a trabajar la tierra, por lo que recibía un pago de 12 colones mensuales. Ahí aprendió a manejar escopetas, con las que cazaba conejos.

"A la edad de 15 años me fui para el cuartel, en marzo de 1952, en donde siempre destaqué en tiro, obteniendo siempre los primeros lugares y el reconocimiento de mis superiores, ya que no tenia ningún vicio: no bebía ni fumaba", afirma don Rafael, quien gracias a su excelente labor y honradez fue designado como seguridad del coronel Julio Adalberto Rivera, quien sería Presidente.

Luego de 10 años de servicio y mientras gozaba de licencia sufrió un accidente con un arma que manipulaba (se le disparó y le lesionó la cintura), lo que le provocó daño permanente en sus piernas. También utiliza una sonda para poder orinar.

Debido a que don Rafael no tenía ningún pariente que lo cuidara fue remitido, según él por órdenes del presidente Adalberto Rivera al Asilo Sara, lugar en el que ha permanecido interno desde hace 38 años.

En el área de ortopedia de esa institución, anexa al Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos, aprendió a reparar calzado y a fabricar prótesis.

Cinco años después de su ingreso era reconocido por los empleados y sus compañeros internos como el zapatero oficial del asilo. En los últimos 30 años ha instalado su minitaller en varias áreas, pero es reubicado a menudo. Sin embargo, desde hace dos años ha puesto su "negocio" en uno de los jardines.

En busca de ayuda

Algunas de las necesidades que tiene don Rafael son la compra de materia prima para reparar calzado; además necesita de un esmeril pequeño para poder darle algunos acabados a los zapatos.

"Yo no les pido dinero ni que me den limosnas; lo único que necesito es que me den algún material y herramientas para continuar trabajando y que me traigan trabajo para poder ganarme algunos centavos", afirma.

Si quiere colaborar con don Rafael puede acudir al Asilo Sara, dependencia del Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos (ISRI), en la colonia Costa Rica de San Salvador.


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