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La huella tricolor

Alianza Republicana Nacionalista, ARENA, está a un día de cumplir 25 años de existencia. Lo que nació como un partido de claro corte anticomunista ha llegado a convertirse en la primera fuerza política del país. En vista de esto, El Diario de Hoy presenta a partir de hoy una serie de entregas que incluirán a las cuatro principales formaciones políticas del país. La trayectoria de estos partidos ha forjado la historia de la realidad salvadoreña. De ahí nuestro interés periodístico.


Publicada 29 de septiembre de 2006 , El Diario de Hoy

Primera sede. Una reunión de la dirigencia. Los areneros crearon ocho sectores que se conservan hasta ahora. Foto: EDH
Primera entrega
Caterina Monti/Ciro Granados
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

¿Armas o urnas? Esa fue la pregunta que se hacían, a finales de los años 70 los que luego fundaron el partido ARENA.

La novel formación, que llegó al espectro político el 30 de septiembre de 1981, procedía de grupos descontentos con el último gobierno del PCN y de la posterior Junta Revolucionaria de Gobierno, y que desembocaron en el Movimiento Nacionalista Salvadoreño (MNS) y después en el Frente Amplio Nacional (FAN).

Un militar de entonces, Roberto d’Aubuisson, con un férreo mensaje anticomunista se dedicó a aglutinar a muchas personas para conformar un partido político, pese a las insistencias de algunos de sus allegados que veían en la “opción armada” el camino primario a recorrer para lograr cambios de fondo en el país.

1984. D’Aubuisson prefirió no impugnar el triunfo de José Napoleón Duarte, del PDC. Foto: EDH

Optaron por la vía democrática. La pacífica. Sin embargo, el camino que este conglomerado tomó hasta convertirse en el partido que es hoy está lleno de complejidades. A los consecutivos triunfos electorales de ARENA antecedieron idealísimos, sinsabores y algunos fracasos.

El 15 de octubre de 1979 fue una fecha clave en esta historia. El Golpe de Estado al general Carlos Humberto Romero detonó los ánimos. Y las acciones que tomó la Junta Revolucionaria de Gobierno, entre ellas la Reforma Agraria, incentivó a que d’Aubuisson y compañía tomaran acción.

El aire político de esas fechas ya olía a pólvora, a guerra, a persecuciones. Y uno de esos acosos aceleró las cosas.

Fue el 7 de mayo de 1980, en la finca San Luis, cerca de Santa Tecla, cuando unos militares apresaron a d’Aubuisson junto a otros compañeros acusándolos de golpistas.

Días más tarde, con la intervención de otros militares y por las protestas de muchas mujeres del Frente Femenino Salvadoreño, el grupo salió de la cárcel.

La cúpula en los 80. Armando Calderón Sol y Alfredo Cristiani comandaron al partido después de Roberto d’Aubuisson. Foto: EDH

El 14 de mayo, el Mayor se marchó a Guatemala, al exilio, desde donde comenzó a construir el partido.

Desde Guatemala se armó una red de apoyos que incluyó visitas a Estados Unidos e incursiones en El Salvador para transmitir comunicados contra personas que consideraban “procomunistas”. Ese era el mensaje: salvar al país de las garras del proyecto soviético, que d’Aubuisson y colaboradores creían que se venía como un efecto dominó, después de haber llegado a Nicaragua con los sandinistas.

En Guatemala se parió la marcha partidaria, la bandera y el nombre de la formación. Pero faltaba lo más importante, tener el partido legalmente inscrito. La travesía, sin embargo, no sería tan sencilla.

Primeros pasos

El 2 de marzo de 1981 presentaron el proyecto de partido en el hotel Cortijo Reforma de Guatemala. Aún faltaba lo más difícil:en condiciones de exilio y clandestinidad, recopilar las firmas necesarias para la inscripción de ARENA. Fue allí que jugaron un papel decisivo las mujeres del Frente Femenino Salvadoreño.

Constituyente. Terminó la Carta Magna a finales de 1983. Foto: EDH

Primero fueron las firmas para el acta de constitución. “El líder Roberto d’Aubuisson por sí sólo no podía hacer el partido, necesitaba al menos 25 firmas, por ley -- cuenta Gloria Salguero Gross, una de las fundadoras--.El Mayor comenzó a hacer presión. Empezó a pedir la Cédula de Identidad; muchas veces, incluso, les quitaba las cédulas a las personas. Les decía: ‘Mirá, enséñame tu cédula... Vos vas a hacer fundador de ARENA’. Nunca llegó a tener una cantidad tan grande de cédulas”.

El abogado que firmó la escritura de constitución fue el doctor Ricardo Ávila Moreira. Los 10 abogados consultados antes que él no aceptaron. Para muchos, su firma en el acta o en los libros equivalía a firmar sentencia de muerte.

Fue más duro con la inscripción porque se requerían 3 mil rúbricas. El miedo de algunos obstaculizó temporalmente el proceso. Los hombres del incipiente grupo no habían logrado recoger más de 40 firmas cuando decidieron pasarle la arriesgada misión a la dirigente del FFS, Rhina Carballo.

Cede puesto. Cristiani tomó el lugar del Mayor para la elección de 1989. Foto: EDH

“Me entregaron los libros con apenas 40 firmas y en un mes a lo sumo los llenamos”, cuenta Carballo. Añadió que los peligros a los que se enfrentaron fueron muchos, entre ellos detenciones policiales.

Y, para empeorar las cosas, el día que fueron a inscribir el partido varios fundadores fueron ametrallados, entre ellos Ricardo Valdivieso y el abogado Ávila Moreira. Los libros llegaron al Consejo Central de Elecciones bañados en sangre. Así nació ARENA.

La primera estrategia electoral

ARENA participó en las elecciones de 1982 para la Asamblea Constituyente. Los partidos de derecha ganaron mayoría y, tras negociaciones, se juramentó al d’Aubuisson como presidente de la misma.

Cuando se acabó el trabajo de redactar una Carta Magna, a finales de 1983, se vino encima el trabajo para las presidenciales de 1984.

En plena guerra, d’Aubuisson y sus aliados iban por todo el país repitiendo un solo mensaje. Fue su primera estrategia electoral. Aunque los que le rodeaban no se percataran de ello, el mensaje y el método eran planificados.

Trayecto. Los areneros han sufrido varias derrotas en los comicios legislativos. Foto: EDH

Les decía siempre lo mismo, que si la gente se unía se podía “rescatar al país” y que había que “defender la libertad”. El propósito era que cuando la gente de los diferentes lugares se reuniera, hablaran de lo mismo. “Si yo hablo cosas diferentes los voy a confundir”, decía.

En esos inicios, el trabajo de campaña se hacía con celeridad. Lo enfrentaron todo de golpe: elecciones, partido nuevo, bandera nueva, colores nuevos. La finalidad era que el electorado, que estaba acostumbrado a votar por el PCN o el PDC, diera un giro y marcara la cruz de ARENA.

Patricia Ariz de Valdivieso tuvo mucho que ver con el diseño de los emblemáticos íconos con los que ARENA se vende políticamente hasta la fecha, así como el lema “Hoy lucha, mañana paz, progreso y libertad”.

De Valdivieso también colaboró en ponerle música a la marcha arenera, con estribillos que fueron fundamentales para vender la marca tricolor.

Perdió y fue oposición

Los esfuerzos que los primeros areneros le pusieron a la construcción de sus bases para las elecciones de 1984 no les llevaron a ganar la Presidencia. Muchos areneros sostienen hasta hoy que esas elecciones fueron “robadas”.

Se recuerda que el resultado, que le dio la victoria al democristiano José Napoleón Duarte fue algo inesperado e indignante para los tricolor. Muchos decían “Vámonos a las calles y le damos vuelta a este bolado”. Sin embargo, la reacción de d’Aubuisson no dejó de sorprender incluso a sus íntimos.

“Esperemos 5 años y la próxima la ganamos”, le dijo. “¿Estás loco?, ¿esos un animal?, ¿cómo vas a creer?”, le respondieron algunos, según recuerda uno de sus allegados.

Él replicó: “¿No? Si no les gusta, allí está la puerta. Vamos a trabajar 5 años para ganar”.
Con esto ARENA aceptó la derrota. “ARENA practicó a perder”, analiza ahora Ricardo Valdivieso, actual director del Instituto Político de ARENA.

Después llegaron los comicios para alcaldes y diputados, en 1985, cuando ARENA le apostó a jugar el papel político de oposición, con los ojos encima del gobierno de Duarte, cada vez que se daban los diálogos con la guerrilla. También criticaron sistemáticamente los efectos de la reforma agraria.

Siempre en 1985, con miras a las presidenciales de 1989, el líder nacionalista dio una sorpresa más. El 29 de noviembre de ese año renunció a la presidencia del Consejo Ejecutivo Nacional de ARENA (Coena), la cual fue asumida por quien llegaría a convertirse en el primer gobernante arenero de El Salvador, Alfredo Cristiani Burkard. Para algunos, el gesto fue una muestra de humildad; para otros, una estrategia realista.

Se relata que el Mayor dio la siguiente explicación: “Si yo sigo, los norteamericanos nos van a acabar, y si llegamos a la presidencia se van a encargar ellos de que no le llegue ayuda al país, y entonces ¿qué hemos hecho?... me tengo que retirar”.

En 1988, el partido ganó la alcaldía de San Salvador con Armando Calderón Sol, su primera victoria electoral. En 1989 le seguiría la de Cristiani en el Ejecutivo.

Con este Presidente vino la firma de los Acuerdos de Paz. Se le conoce como “el presidente de la paz”, un logro que muchos areneros pregonan como propio.

Paradójicamente, Rhina Carballo opina que una de las grandes debilidades de ARENA yace en ese contrato social. “La forma como se firmaron ... se le dio todo lo que quería el FMLN y quisiera saber ¿qué se le dio a ARENA?”, manifestó.

El partido, con la presidencia de la República, y la paz firmada, obtuvo mayores bríos.
No fue de extrañar entonces que en 1994 volviera a ganar las presidenciales, esa vez con un nuevo adversario, el FMLN, que participaba por primera vez en la contienda política.

El segundo presidente arenero, Armando Calderón Sol, caracterizó su gobierno por la reconstrucción del país y el cumplimiento de los Acuerdos de Paz. Todo marchaba bien hasta 1997, cuando los areneros sufrieron una derrota en los comicios de alcaldes y diputados.

Tras varios cambios en la jefatura partidaria, los tricolor se repusieron en las presidenciales y, después de una gira por todo el país, Francisco Flores se convirtió en el tercer mandatario arenero. Basó su gestión en el lanzamiento del país hacia la modernización, instauró la dolarización y capeó los problemas que se vinieron con los terremotos de 2001.

Sin embargo, las elecciones legislativas y municipales de 2003 trajeron otro dolor de cabeza. ARENA perdió varios escaños en el Congreso y la cúpula partidaria pasó por varias manos.

Fue Antonio Saca, quien ganó la presidencia en 2004 con el lema “Lo social no es complemento de nada, es la base de todo”, el que unificó de nuevo al partido y el que consiguió darle un dinamismo que permitió recuperar curules en la Asamblea Legislativa.

Aunque los triunfos electorales y el trabajo realizado por cada presidente en turno ha sido ampliamente difundido, es la fundación del mismo la esencia histórica de ARENA, al menos así lo aprecia Salguero Gross.

“Hay mucha gente que hoy trata de menospreciar el momento de la fundación, pero eso es lo más importante en la historia de ARENA. Si no se funda el partido no hubieran habido cuatro presidentes de ARENA”, concluye.

El partido vive otros tiempos. Tiempos donde debe luchar contra una oposición más fuerte y librarse del peso que trae consigo el natural desgaste.

Un frente de mujeres los lanzó

Fue durante la época de la captura y el exilio que un grupo de mujeres llamado Frente Femenino Salvadoreño (FFS) sirvió como catapulta para que ARENAse convirtiera en partido. Un fundador admitió: “Sin esas mujeres, los hombres nos quedamos metidos debajo de la cama, nos hicieron ponernos los pantalones”.

Patricia de Valdivieso añade: “Éramos muy aguerridas y no le teníamos miedo a nada”. Las mujeres de ese frente iban y venían entre Guatemala y El Salvador haciendo trabajo político y logístico. “Decíamos públicamente lo que los hombres no se atrevían”, sostiene Rhina Carballo. “Andábamos por toda la República, donde los hombres no podían entrar, las mujeres sí y éramos la punta de lanza”, añade De Valdivieso.

Comentario
Vino a llenar un vacío

Se esté o no de acuerdo con la ideología o la forma de hacer política de ARENA una cosa es cierta: es uno de los partidos políticos más eficientes, electoralmente hablando, de América Latina. Ganar cuatro elecciones presidenciales consecutivas y de manera democrática es una muestra de ello.

De los 25 años de vida que tiene ese instituto político, poco más de 17 los ha vivido en Casa Presidencial. El fenómeno ARENA, sin embargo, tiene una explicación que se puede aplicar a productos exitosos en el mercado: vino a llenar un vacío en el momento y el sitio exactos. Además, tenía un mensaje claro y sencillo perfectamente inteligible para todos los segmentos de la población.

Roberto d’Aubuisson, su fundador, lanzó en una frase el método de lucha política del novel partido: “El arma más poderosa de los hombres libres es el voto”. En aquellos momentos, cuando las fuerzas guerrilleras afirmaban que “el poder nace del fusil” y “Revolución o muerte, el pueblo armado vencerá”, la frase arenera cobraba especial relevancia.

Se trataba de una vía civil y pacífica para enfrentar una situación armada y violenta. Muchos salvadoreños, en aquel contexto difícil, se identificaron con la propuesta tricolor.

El electorado les confió una buena cantidad de votos en su primera experiencia electoral, quedaron segundos en la elección presidencial en 1984, obtuvieron una victoria en las elecciones para alcaldes y diputados en 1988 y por fin ganaron el Ejecutivo en 1989.

Desde entonces, a pesar de los traspiés en las elecciones de medio período de 1997, 1999 y 2003, se ha mantenido al frente del Ejecutivo.

El cese de la guerra, el aseguramiento del estado de derecho y el ordenamiento económico son méritos areneros. Asignaturas pendientes son un combate más efectivo y decidido contra la corrupción, políticas más claras en cuanto a la apertura económica y, últimamente, acciones mas eficientes contra la espiral de violencia delincuencial que vive el país.

El hecho que el mayor partido de oposición se aferre a una ideología derrotada por la historia y que una tercera opción no cuaje, juega mucho a favor de ARENA de cara a las elecciones de 2009. Si ese juego se juega mal se puede perder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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