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Tiempos idos
Las Mejía, en mis gratos recuerdos

Fueron tiempos dorados en los que era usual ver a nuestros niños y adolescentes jugando pelota, en bicicleta, o caminando por las calles de San Benito, sin que ningún peligro les acechara.

Publicada 21 de noviembre 2005, El Diario de Hoy

Evangelina del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Pocas personas de las décadas comprendidas entre los años cincuenta y finales del siglo anterior, podrían decir que no tuvieron ocasión de conocer la famosa tienda “María Cristina”, reconocida por su refinado buen gusto, y considerada una verdadera institución en la historia comercial salvadoreña.

Era propiedad de Dickie y Joy Mejía Roy, a quien cariñosamente llamábamos “las Mejía”.
Ésta fue inaugurada en 1955 en el primer centro comercial del país, situado en la Colonia San Benito, la que a su vez, fuera la primera zona residencial ubicada fuera de San Salvador, y cuyos primeros habitantes en 1943, fueron las familias de don Ernesto Liebes, dueño entonces del Almacén Goldtree; la de don Rodolfo Goldschmidt y su entonces esposa, Rosita Oppenheimer; y la de mis padres --actualmente propiedad de la familia de mi querida amiga Ninfa Argueta--, situada frente a la, ahora, Embajada de España, residencia que fuera construida en 1945 o 46, y perteneciera a Ricardo y Helen Guirola.

Para 1955, San Benito estaba ya bastante poblado y su nuevo centro comercial consistía en algunos comercios que proveían lo indispensable para los residentes de la nueva zona, por la “lejanía”con la ciudad. Había una farmacia, un super mercado, una panadería, asociada con Pan Lido, y un salón de belleza “Jolie”.

Estando aún vacíos dos locales, estas aventuradas jóvenes, Dickie y Joy, la primera esposa del insigne pintor Raúl Elas Reyes, y la segunda, casada entonces con Carlos Menéndez, incentivadas por sus padres --los muy recordados Alfredo Mejía y Helen Roy--, decidieron abrir una pequeña tienda tipo “drugstore” americano, donde en un principio se podía comprar desde tres cigarrillos “Embajadores” a 0.10 centavos de colón y gaseosas frías, hasta pequeños regalos y objetos de primera necesidad, distando mucho del exclusivo y elegante establecimiento que posteriormente llegó a ser.

El afamado arquitecto mexicano “Pancho” Balzaretti, había construido en la parte posterior del centro, apartamentos tipo condominio, los primeros de esa clase aquí. Cinco años después, “María Cristina” había crecido tan sustancialmente que fue necesario alquilar cinco de ellos para extenderse.

Cuando las Mejía decidieron importar mercadería de Europa, “María Cristina” se volvió la tienda, la institución, donde destacó el exquisito gusto de sus dueñas.

Fueron las pioneras en traer porcelanas y cristalería de afamadas marcas como Royal Coppen-haguen, Lalique, Baccarat, Dawn, porcelana “Arabia” de Finlandia, entre otras.

Importaron también telas para muebles de casas como Shoe-mackers, y Dickie, decoradora profesional, fue una guía, que gustosa y gratuitamente daba consejos a quienes lo solicitaban.

A principios de los sesenta, San Benito estaba mayormente habitado por jóvenes matrimonios, entre los cuales nos contábamos mi esposo y yo. Recuerdo cómo, por las tardes, todas las mamás noveles, salíamos a pasear a nuestros pequeños hijos, hijas o bebés en sus coches, reuniéndonos en las aceras de ese centro comercial, y frente a “María Cristina”, en la que no faltaba la tertulia con nuestras queridas Dickie y Joy, para cambiar impresiones acerca de nuestros hijos o de nuestros trabajos empresariales como amas de casa, porque --tal como hace todo empresario en un negocio-- tener a cargo la organización del hogar, el buen entrenamiento del personal de servicio, la educación de los hijos, logrando que todo marche a la perfección, es la tarea empresarial por excelencia. En esto, Dickie y Joy tuvieron doble mérito: como comerciantes y como amas de casa.

Fueron tiempos dorados en los que era usual ver a nuestros niños y adolescentes jugando pelota, en bicicleta, o caminando por las calles de San Benito, sin que ningún peligro les acechara. Estos duraron hasta mediados de los setenta, en que el comunismo empezara a desestabilizar la paz de nuestra patria.

Aunque las Mejía cerraron las puertas de “María Cristina” en el año 2000, pocos meses antes de morir Dickie, Joy aún conserva varias de las piezas, ahora de colección, que les quedaran de aquellos tiempos y que exhibe en diciembre, en su antigua sala de San Benito.

Recrearme con esos invaluables objetos de arte, visitando dicha exposición, fue remontarme en mis recuerdos, a un bello e inolvidable pasado.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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