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La magia de los Legorreta

Arquitectura. La firma que diseñó Multiplaza tiene 40 años de experiencia. Estará a cargo de la segunda parte del proyecto


Publicada 10 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Los cerebros del diseño. Ricardo y Víctor Legorreta, padre e hijo a cargo de la arquitectura de Multiplaza, recorrieron ayer el nuevo centro comercial. Foto EDH / Walter Santos

Guadalupe Trigueros
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com


Donde quiera que vaya, Ricardo Legorreta firma autógrafos. Mangas enrrolladas y medio abotonado, el septuagenario es acosado por jóvenes y adultos apasionados de la arquitectura.

Falta pulir el piso, ajustar los vitrales de las tiendas, combatir las inesperadas fugas de agua, rotular, señalizar, corregir el tono de la pintura, o sincronizar las escaleras eléctricas. Legorreta va por los niveles supervisando y corrigiendo Multiplaza, su primera obra monumental en El Salvador.

Legorreta es un arquitecto mexicano reconocido desde hace 40 años en el mundo por sus gigantescas bóvedas, altas superficies planas rematadas con llamativos colores, máximo aprovechamiento de las entradas de luz y sorpresivos virajes.

En Multiplaza, el visitante se encuentra con todo eso y deambula por un pasillo, sin pensar que al final del mismo se encontrará con una ilusión acuática, o una catarata cuyo final lo desliza a una sala de café.

Ricardo Poma, presidente del Grupo Roble, lo conoció en una muestra de arte arquitectónico. Conversaron de mezclar lo artístico con lo abstracto en edificaciones comerciales, convertirlos en centros de ciudad, donde se concentren las principales actividades y necesidades del ser humano: supermercados, bancos, almacenes, telefonía, discotecas, cines, hoteles, complejos urbanísticos y bares.

Poma y Legorreta planificaron durante cuatro años y el proyecto les ocupó catorce meses de obra. Legorreta & Legorreta (Ricardo, el padre, y Víctor, el hijo) elaboraron ocho maquetas diferentes de Multiplaza, tras los cambios sugeridos por los clientes y las necesidades del plan base.

El reto


Multiplaza es la primera empresa de este tipo que los Legorreta enfrentan. La mayor parte de su obra (más de 400) se concentra en museos, fábricas, torres, edificios, bibliotecas, iglesias y casas privadas en Estados Unidos, México, Brasil, España, Inglaterra, Egipto, Israel, Qatar, Costa Rica, Nicaragua y Japón.

La mitad de Multiplaza ya es realidad. Ahora, los Legorreta -padre e hijo- trabajan en la segunda fase del reto: la zona hotelera y residencial, que se construirá a mitad del 2005.
En esta área tienen suficiente experiencia: ambos viajaron a Japón a construir la residencia de un acaudalado empresario; hace dos años, también lidiaron con el estilo gótico de los dormitorios de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, país en el que diez años atrás construyeron el Hotel Solana Marriott, en Fort Worth, antecedido por los Camino Real de México, Cancún e Ixtapa.

Los Legorreta vienen cada mes a supervisar sus obras. Un arquitecto de su bufete queda a cargo, respaldado por el equipo de arquitectos de Roble, gerenciado por Hugo Lima, quien intentó esconder “las pequeñeces” de la obra, sin pensar que Legorreta las descubriría.
“No deja nada al descuido. Es minucioso, observador y siempre antepone al cliente”, comentó Lima, un declarado admirador de Legorreta.

Francisco Rodríguez, el director de planificación del Grupo Poma, es otro seguidor. Fue contratado por Poma hace doce años para desarrollar Multiplaza y conoce al borde la obra de los Legorreta, incluso sus anécdotas por el apego a los polémicos colores.

Ricardo y Víctor Legorreta recuerdan que pintaron de amarillo fuerte el Museo Tecnológico de California. En la inaguración, los encargados consultaron qué tipo de color era ese y Víctor sopló al oído de su padre: “amarillo mango”, un nombre exótico que encantó a los estadounidenses californianos que luego lo convirtieron en el logo del museo.

El “amarillo mango” está presente en Multiplaza, no podía faltar porque es la afición de Víctor, el hijo rebelde de Legorreta que prefirió trabajar con otras compañías, hasta que Ricardo lo invitó a dirigir el diseño del Museo de los Niños, en México, en 1990.

La fusión fue perfecta. Ricardo Legorreta heredó los conocimientos de la principal figura arquitectónica de México, Luis Barragán, y Víctor es el heredero de los dos.



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