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I CONOZCA A RUZ I UNA CARICATURA CON FONDO I

Carlos Alfredo Ruiz Moisa (RUZ)
ruz@elsalvador.com

Ruz, el lápiz mágico


Por David Escobar Galindo


Conocí a RUZ en medio del ajetreo del trabajo periodístico, entre los ires y venires de un esfuerzo que siempre es una lucha acrobática contra el tiempo. En el corazón de un periódico, las sístolas casi no dejan oportunidad a las diástoles. Quien no haya vivido en las entrañas de un periódico las premuras de su alumbramiento diario, no sabe lo que es la angustia gratificante y la euforia de la creación cotidiana.

En ese ambiente conocí a RUZ, un muchacho hiperactivo e hipercreador, que hacía las ilustraciones de Mis historias sin Cuento. Uno descubre con mucha facilidad a los inteligentes. Los tontos disimulan mucho más. RUZ está sin duda en la categoría de los inteligentes, y eso le brota por los poros de la risa y por la luz visual del buen humor. Desde un principio, me simpatizó el desenfado de RUZ, que además -porque el tipo es inteligente- nunca resbala hacia lo grotesco o lo repelente. La sabrosa ingenuidad del buen espíritu lo salva de esas lamentables demasías, tan comunes en el ambiente nacional.

RUZ es lo que podríamos llamar un cipote virusco, que está por cierto en trance de fecunda madurez. Los que hemos seguido día a día su trabajo, nos sorprendemos gratamente de su desarrollo. Y lo que mejor nos sorprende es constatar que este bicho pelo crespo y lucidez de incansable colibrí, gana en naturalidad en la medida en que el genio se le manifiesta.

He hablado de genio, y la palabra puede sonar muy fuerte. Y no hablo del genio de Aladino, sino del genio de la creatividad, ese don de Dios que evidentemente no está repartido con la equidad esperable, porque resulta privilegio de pocos. Yo no tengo vacilación al decir que RUZ es uno de esos muchachos geniales que surgen a veces -y que casi nunca tomamos en cuenta- de los trasfondos telúricos de la famosa fecundidad salvadoreña.

El inquieto de RUZ, tiene, además, la virtud de ser un salvadoreño sin complejos. No hay muchos así, que conste. Por eso, en la línea espontánea de su trabajo, RUZ tenia que llegar a una comarca prácticamente inexplorada de la interpretación nacional: la caricatura de situación, el cuadro sintético de ambiente. Hemos tenido grandes caricaturistas de personajes, y el primero de todos es el maestro Toño, amigo de Gómez Carrillo y de Picasso, y, a las postreras, espléndido señor de un jardín en el corazón de la colonia Utila. Pero caricaturistas de situaciones, ¿quiénes?

RUZ rescata amplios escenarios de la vida en caricaturas historiadas que provocan hilaridad y reflexión. Y como sus personajes hablan, sean humanos o no, ahí está el alma popular riéndose picarescamente de sí misma, como debe ser.

Siendo RUZ un hombre sin inquinas y adoraciones dogmáticas, no tiene por que hacer uso de esa arma a la que son tan dados los malévolos y los resentidos: el sarcasmo hiriente. En RUZ hay ironía, juego, puntada, ocurrencia, burla sin venenos, pinchazos sin maldad. Porque hay imaginación y gozo de recrear la vida, no como concepto filosófico sino corno horario que se desgrana en la troje invisible del tiempo.

Este libro es el primer esfuerzo por darle a ese hermoso trabajo cotidiano el salvoconducto de una permanencia más accesible. Y al saludar la salida de este libro, le agradecemos a RUZ su talento y su temperamento. Decirle que llegará lejos, es decirle algo que por descontado se sobreentiende. Aparte de que ese lejos, es siempre una abstracción. Lo bueno es que tenemos a RUZ aquí y ahora.

 

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