Sábado 25 de agosto de 2001



























Evangelio para domingo
San Lucas 13, 22-30

Los últimos serán los primeros

Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén. Alguien le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvarán?".

Jesús respondió: "Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque Yo les digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán. Si a ustedes les ha tocado estar fuera cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta, entonces se pondrán a golpearla y a gritar: ¡Señor, ábrenos! Pero les contestará: No sé de dónde son ustedes. Entonces comenzarán a decir: Nosotros hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas. Pero él les dirá de nuevo: No sé de dónde son ustedes. ¡Aléjense de mí todos los malhechores!

Habrá llanto y rechinar de dientes cuando vean a Abrahán, a Isaac, a Jacob y a todos los profetars en el Reino de Dios, y ustedes, en cambio, sean echados fuera. Gente del oriente y del poniente, del norte y del sur vendrán a sentarse a la mesa en el Reino de Dios. ¡Qué sorpresa! Unos que estaban entre los últimos son ahora primeros, mientras que los primeros han pasado a ser últimos".

Comentario

Jesús: ¡Puerta de la salvación!

"¿Son pocos los que se salvan?"

La pregunta podría entenderse en simples términos numéricos, pero Jesús no la asume de esta manera. Él desvía su respuesta en una dirección aparentemente desconcertante: "¡luchen por entrar en la puerta estrecha!".

- Porque las estadísticas aquí no cuentan, más bien llama la atención sobre el esfuerzo y la preparación.

- Porque en la competición por la vida eterna hay un alto nivel de exigencias, pero no hay limitación de plazas: todo el que se prepara a conciencia obtiene con seguridad su plaza, independientemente del número de concursantes...

- "¡La salvación del Dios que se revela en la Sagrada Escritura no es sólo para unos pocos, está abierta a todos!".

- ¡Esfuércense todos! No hay nada predeterminado así por así.

- El logro depende del esfuerzo, es posible para todos y no está previamente garantizado para nadie.

"¡Seños, ábrenos!"

Jesús no quiere engañar a nadie. Lo que vale cuesta. Dios quiere la salvación de toda persona, pero con la condición de que cada uno le dé una respuesta clara de fe y de vida auténtica.

El Reino -la salvación- no se gana fácilmente. Requiere esfuerzo. Supone una respuesta libre y personal al don de Dios. Si el camino de Jesús fue difícil, no es raro que se le anuncie a todos sus seguidores que también su camino no será fácil y cómodo.

Probablemente, este pasaje, en su conjunto, indica un ambiente de dificultad o de sorpresa ante el camino de salvación que Jesús propone: ¡Todos están invitados, nadie está "por derecho" ni excluido ni metido dentro sin saberlo!

"Y hay últimos..."

El seguimiento de Jesús es exigente: no se salva el que "dice Señor, Señor", sino el que "hace la voluntad del Padre".

No hay que dejarse empujar por la puerta amplia porque es falsa. A la eternidad no se entra por la puerta ancha de la vida facilona, egoísta e irresponsable... ¡porque esa puerta sencillamente no existe!

"Y nosotros..."

Mientras que para conciencias estrechas la salvación es un problema de angustia, para otros es una cuestión inexistente, un problema resuelto porque Dios es bueno.

La pregunta del curioso que aparece hoy en el trozo del Evangelio quedó sin respuesta directa. Pero Jesús dejó un criterio de orientación y garantía: ¡Esfuércense!

Esta respuesta no da pie al pesimismo ni a la duda... Su lectura correcta enseña que Dios quiere la vida para todos y toma la iniciativa asumiendo la parte principal, pero pide al mismo tiempo de las personas algo razonablemente exigible: no es el sentimentalismo, ni el nombre, ni la pertenencia a una raza o grupo lo que salva, sino las obras, con la marca del seguimiento cercano de Jesús, ¡el amor!

La salvación viene cuando aceptamos a Jesús y nos ponemos tras sus pasos. Esa es la puerta estrecha, la puerta única a la vida, es una entrada exigente. ¡Todos estamos invitados a seguir el camino de Jesús!

La enseñanza para nosotros es evidente. No pensemos que al pertenecer a una institución eclesial, o por haber escuchado miles de prédicas o asistir a tantas y tantas ceremonias religiosas ya es suficiente para alcanzar la salvación. Jesús nos advierte que a los más confiados, a los que aparentemente están más cerca son a quienes se les exigirá más en todo momento.

En fin, este pasaje del Evangelio de Lucas nos está invitando hoy a que sigamos trabajando, a que nos mantengamos despiertos, para que nuestra vida sea conforme a la Buena Noticia de Jesús.

P. Sixto Alfonso Flores, Sdb

NOTA:

Estimados, lectores, también pueden leer el evangelio y el comentario de este fin de semana en la siguiente dirección: www.escogecr.com.





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