Martes 21 de agosto de 2001



























Muestra de amor y esperanza

En el hospital Benjamín Bloom funciona la escuela "Reynaldo Borjas Porras", que brinda educación a los niños internos. Este proyecto se realiza gracias a la entrega y a la bondad de la licenciada Marta Rosa de Cruz.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
Fotos Julio Avilés

En el décimo piso del hospital Bloom existe una sala distinta a cualquier otra. En ella no hay camillas, enfermeras, doctores ni sofisticadas máquinas para tratamientos médicos, sino mesas, libros, cuadernos, lápices y maestras.

Desde hace un año, en ese pequeño salón funciona la escuela "Reynaldo Borjas Porras", fruto del esfuerzo conjunto de los ministerios de Educación y de Salud y de personas altruistas.

En este centro de estudios reciben el pan del saber niños y niñas cuyas edades oscilan entre los cuatro y los 15 años. Los alumnos son internos permanentes del hospital, quienes aprovechan su estadía no sólo para recibir sus tratamientos médicos sino también para aprender a leer, a escribir, a sumar, a restar…

Desde las diferentes salas de servicio (como nefrología, oncología y ortopedia, entre otras), algunos pequeños acuden al salón de clase para colorear, recortar, escribir, cantar o leer.

Debido a que algunos de los niños internos no pueden moverse de sus lechos, ya sea por el estado crítico de su salud o por estar conectados a aparatos, un grupo de maestras se encarga de llevarles la educación hasta las camas donde se encuentran.

Ellas imparten las materias de ciencia, salud y medio ambiente, lenguaje, sociales y matemática. Algunas profesoras realizan sus prácticas docentes y otras, las que estudian licenciatura, realizan sus horas sociales.

"Estoy aprendiendo mucho. He ha aprendido hasta a orar", expresa la niña Diana Carolina Fuentes, de 14 años, quien adolece de insuficiencia renal.

Una gran profesora

Este proyecto educativo no podría realizarse sin el esfuerzo de la licenciada Marta Rosa de Cruz, una noble maestra de 45 años, quien emplea su tiempo y su dedicación en favor de la formación de los pequeños internos del hospital. Ella es la creadora de este ambicioso proyecto educativo y quien lo dirige y lo hace realidad.

"El proyecto lo hice hace unos seis años, pero hasta el año pasado se me brindó la oportunidad de llevarlo a cabo. Mi misión es hacer que estos niños aprendan y puedan desenvolverse por sí solos", manifiesta la licenciada de Cruz.

Esta singular maestra es la que coordina la mayoría de las actividades y la que instruye al grupo de profesoras colaboradoras. Con frecuencia se reúne con ellas para planear el trabajo a realizar, para capacitarlas y para enseñarles las técnicas utilizadas en el proceso de aprendizaje de los niños.

"Es una gran persona y una gran maestra. Los niños y nosotras estamos aprendiendo mucho de ella", expresa Ana Julia Martínez, una de las maestras practicantes.

Satisfecha con su trabajo

Hasta el momento los resultados de esta escuela han sido satisfactorios.

Según la licenciada Martita (como le llaman los niños del hospital), los alumnos han logrado un desarrollo muy grande, y muchos ya saben leer y escribir.

"Se les nota la satisfacción en sus rostros y en su comportamiento. Antes pasaban tristes, sin nada que hacer. Ahora están felices con lo que nosotras les enseñamos", manifiesta la directora.

Ella dice que la escuela comenzó de cero, que no había escritorios ni mesitas para los estudiantes, pero que gracias a Dios poco a poco se han ido superando todos esos problemas.

La licenciada de Cruz, además de educar, se ha preocupado por celebrar las diferentes días festivos contemplados en el calendario escolar.

"Me siento satisfecha y contenta al trabajar con estos niños. Le doy gracias a Dios por haberme dado esa oportunidad", expresa.

Pero la educación no sólo es para los niños internos, sino también para sus padres. La licenciada Martita ha creado la "Escuela para Padres" y la "Escuela de Padres". En la primera se imparten algunas clases, incluyendo una de manualidades, y en la segunda se les orienta cómo debe ser la relación padre-hijo.

El trabajo que realiza la licenciada Martita es admirable. Su vocación de maestra se manifiesta en sus acciones. La sonrisa y los trabajos de los niños son un reflejo de la obra de esta abnegada maestra.

Ella está segura de que en esta vida las enfermedades no son obstáculos para educarse y superarse.

Únase a la obra

La escuelita del Bloom se mantiene gracias a los aportes del Ministerio de Educación y a la colaboración de una persona altruista, que prefiere el anonimato. Gracias a esta ayuda se cuenta con material didáctico para los chiquitines.

Sin embargo, hace falta una computadora, un televisor y una fotocopiadora para seguir adelante en este proyecto.

Si usted quiere ayudar a esta escuela, comuníquese al hospital Bloom al teléfono 225-4481.





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