Martes 21 de agosto de 2001


La columna nacional
Walter y el arenero o Mr. Sandman
Roberto López-Geissmann*

Recién hemos escuchado las declaraciones de don Walter Araujo a través de un medio televisivo y nos han parecido muy positivas, ya que plasman con exactitud el sentir y el pensar del más amplio espectro posible de la derecha (y algo más), en lo que muchísimos quisiéramos que se transformara ARENA para el bien de El Salvador. Ha dicho Walter que su partido va a abrirse, para tomar en cuenta a todas las corrientes, en función de acercar a los desencantados y robustecer con esas nuevas alianzas su empuje y su ideología. Es lo que esperaba escuchar esa mayoría y la exposición de sus ideas me parece excelente.

Así se lo manifesté a dos derechistas, uno todavía arenero y el otro perteneciente a la "gran familia" de los decepcionados en "el exilio" y ambos, por separado, me contestaron en idéntico tono lo siguiente: ¿Cómo puedes decir eso, que no sabés que lo que se proponen es una reproducción... que detrás están... que se trata de una jugada para...? En resumen, que las declaraciones no eran confiables y que habría que conocer las interioridades de los grupos de poder para poder emitir opiniones. Pienso que...

No se puede refutar el hecho de que el que más conoce de un asunto está más capacitado para evaluar las posibles actuaciones de una persona o grupo, en una coyuntura dada, pero... también es innegable que el discurso externo, público, formal y oficial constituye un elemento nada despreciable en un análisis, ya que lo que el político afirme, los pronunciamientos que presente y los rumbos que indique son, ni más ni menos, que el anuncio o manifestación política de lo que quiere él que la gente entienda que es su sentir, su rumbo, su plan de acción.

Se me argumentará de inmediato que soy muy inocente (o algo peor), porque precisamente "ya se sabe" que los políticos no se caracterizan por hablar con la verdad. A ello repondría que hay momentos y momentos, para realizar esos malabarismos lingüísticos que a menudo se asimilaban a las mentiras y que, un político, como del que tratamos, que no está precisamente comenzando ni es un gato de tercera ni, por otro lado, tampoco es un lobo solitario sino un tipo listo y de probada disciplina, no puede aventurarse a dictar declaraciones sin antes meditarlas (solo y acompañado) lo suficiente.

Un engaño burdo o unas declaraciones que persiguieran lo opuesto (mantener el exclusivo predominio de estructuras hegemónicas excluyentes) iría directo a la provocación de un auténtico "harakiri" o suicidio político al que no creo que nadie esté dispuesto ni le convenga. Cumplir revitalizaría a todos... hasta a ellos.

¿Y Mr. Sandman? Es el viejo cuento que narraban las abuelas, del hombre que esparce arena sobre los párpados de la gente para cansárselos y provocarles el sueño (como la droga). Pues bien, la relación con lo anterior estriba en el señalamiento del peligro mayor que pudiéramos padecer los que quisiéramos que esta vez las palabras coincidieran con los hechos. Y es que ojalá no aparezca una figura (quienquiera que sea) que haga el papel del arenero del cuento y que, al ritmo de la conocida canción gringa "Mr. Sandman" nos duerma a todos... otra vez.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com