Martes 31 de julio de 2001


Periodismo detrás de la tragedia

Seis meses después de los terremotos, muchos periodistas conservan en su mente las imágenes de terror y dolor de la tragedia. Alonso Oviedo, Camarógrafo de Tele-Dos, recuerda ese momento tan dramático: la pérdida de su hija de 4 años en el derrumbe de las colinas

Teresa Cubías
El Diario de Hoy

A las 11:30 de la mañana del 13 de enero andaba trabajando para la sección de deportes. Cuando sucedió el terremoto íbamos pasando por el Diario Co-Latino. Comencé a grabar las primeras imágenes. Como estábamos cerca del Hospital Primero de Mayo, del Seguro Social, corrimos a ver qué había pasado.

En los pasillos había mujeres histéricas que lloraban. Al verlas, mejor bajé la cámara y abracé a una señora y traté de calmarla. En ese momento pensé en mi familia. Quería irme de inmediato a mi casa, en Las Colinas, y ver cómo estaba mi hija. Pero tenía que continuar el trabajo y, acto seguido, nos fuimos al Geotécnico.

A las 2:00 de la tarde regresamos al canal. Cuando entré, encontré a una familiar de una compañera de trabajo. Me preguntó que si ya había ido a ver a mi familia. Le respondí que no, y ella insistió en que debía ir. La sola mención me preocupó más.

Comencé a marcar el teléfono de mi casa, pero no me daba la línea. Sólo salía que estaba fuera de servicio. Mi corazón latía cada vez más fuerte y mis piernas se me dormían de la ansiedad.

En ese momento, mi jefe me dijo que fuera al deslave en San Marcos. Le respondí que necesitaba ir a mi casa, pero él insistió en que me fuera primero para San Jacinto. Estaba desesperado.

En el camino, después de una gasolinera, no aguanté más y estallé en llanto. No sabía por qué. El reportero, al verme tan desesperado, me dijo que fuéramos rápido a Las Colinas para saber de mi hija.

Nos dirigimos hacia allá y, cuando íbamos por la calle del rastro, comencé a ver el gran deslave. Sentí que mi corazón se me salía; tenía un nudo en la garganta. Mi hija está ahí. Me bajé del carro y dejé la cámara.

Comencé a correr. Corría, corría y sólo veía gente llorando a mi alrededor. Me preguntaba dónde estaba; no sabía dónde estaba mi casa. Al fin, me guié por una aborrotería que quedó en pie y que estaba a la entrada del pasaje.

Encontré las ruinas de la casa de mi vecina. Ese momento ha sido el peor de mi vida. Intenté escarbar con mi manos, pero era inútil.

Corría de un lado a otro desesperado; pensaba que todo era una pesadilla y que debía despertar. Minutos después encontré a mi esposa; ella también estaba destrozada. Recuerdo que nos fundimos en un abrazo y me dijo: perdimos a nuestra hija.

Mató mi esperanza

Apareció por ahí la tortillera, quien nos confirmó lo peor. Mi hija y la empleada estaban en la casa. La señora dijo que acababan de estar con ella, pero regresaron a terminar el almuerzo. Eso mató la última esperanza que tenía.

Gracias a Dios, de inmediato, tuvimos el apoyo de nuestras familias, jefes y ejecutivos del canal. Los policías que se identificaron conmigo también me ayudaron. Recuerdo a un trabajador del MOP; no sé cómo se llamaba, pero ofreció la maquinaria.

Pasaron cinco largos días, sin dormir y casi sin comer. Cuando encontraron el cuerpo de mi hija, estaba parado en una parte del tractor y comencé a ver sombras de personas a mi alrededor.

Un grito me alertó sobre el cuerpo de mi hija. Recuerdo que en Las Colinas, cuando gritaban eso, todos los periodistas salían corriendo como locos en busca de la primera imagen o foto. Sin embargo, al momento de sacar a mi hija, todos mis colegas respetaron mi dolor, quizás como era periodista sintieron ese dolor demasiado cercano.

A mi hija la enterramos un jueves; sólo descanse tres días y volví al trabajo. Necesitaba estar ocupado y el trabajo se convirtió en un aliado.

Después, cuando fue el terremoto del 13 de febrero, recuerdo que tuvimos que ir Hospital de Niños Benjamín Bloom por la noche. El reportero estaba entrevistando a un señor, quien contaba que hizo todo lo posible para salvar a su hijito y, gracias a Dios, lo había logrado. Yo apretaba la cámara; sentí un nudo en la garganta, me trate de contener, pero no pude más. Comencé a llorar y me preguntaba porque yo no tuve esa suerte de poder salvar a mi hija.

Esta tragedia cambió mi vida y mi lado profesional. Fui periodista y fui víctima, y aprendí que, como seres humanos que somos, también podemos convertirnos en las víctimas.

Imágenes macabras

Ricardo Tobar, camarógrafo del noticiero Hechos, de TV 12, realizó varias tomas la noche del viernes 12 de enero en el área de Las Colinas. Horas después, un deslave soterró a centenares de personas filmadas en el vídeo.

A mí nunca se me van a olvidar todos esos adultos y niños que quedaron en el vídeo por última vez. La mayoría de ellos murieron. Yo los conocía porque vivía como a dos calles de donde pasó el deslave. Gracias a Dios, mi casa sólo sufrió daños en su infraestructura. Mi familia está bien.

Recuerdo que el día anterior, la gente protestaba porque una mujer había muerto atropellada y pedían a la Alcaldía que pusiera túmulos o una pasarela.

Cuando vimos las imágenes en el canal después del terremoto, a todos se nos puso la piel de gallina; era algo macabro ver a personas que habían muerto de una forma tan trágica.

Un mes sin pegar ojo

Eduardo Alegría López, periodista del Noticiero Canal 6. Cuando llegué a Las Colinas preguntaba a dónde estaban las personas soterradas; no sabía que estaban debajo de mí. Lo peor fue hacer microondas, emitir en directo desde el sitio; tenía que hacer un gran esfuerzo para no salir huyendo o llorar.

Recuerdo a una señora que lloraba y escarbaba en la tierra hasta sacó un vestidito de niña. La señora lo abrazó y lo olió. Era lo único que le quedaba. Se me vino a la mente mi hija. Gracias a Dios, tenía el consuelo de que mi familia estaba bien. Otra imagen que me costó el sueño de casi un mes fue ver a una anciana con sus cabellos de punta y su cara de terror.

En la noches no podía dormir, ni siquiera podía apagar la luz. Unos músculos en el corazón se me inflamaron. El médico me preguntó si había tenido una impresión fuerte. Han sido más de dos meses de locura, sin poder desahogarme como le pasó a otros colegas.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01 [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com