Martes 31 de julio de 2001


Recuerdos de un periodista

Su nombre era Pablo Cerna, pero nosotros siempre lo llamamos Pablito. Era moreno, algo encorvado, con un nutrido bigote y unas grandes gafas, levemente inclinadas hacia uno de los lados, que le daban ese aire de genio, siempre inquieto y prolijo.

Oscar Tenorio

Era un periodista talentoso y joven, formado y pulido en otras tierras. Cuando lo conocí en 1992, recién había regresado a compartir sus tesoros. Entre sus manos, siempre cargaba un libro, una cajetilla de cigarros y un proyecto diferente.

Fue él quien me dio la oportunidad de iniciarme como periodista en 1992, cuando muchas puertas se abrieron y el entusiasmo nos carcomía y la efímera felicidad nos embriagaba. Apenas sobrevivíamos como periodistas, pero éramos inmensamente felices.

Dos años más tarde, Pablito hizo realidad uno de sus grandes sueños: fundar un periódico. Se llamó Primera Plana y vería la luz todos los viernes. Una vez más, él me dio la oportunidad de participar en ese novedoso proyecto, que aunque pobre, era una aventura diferente. Eso que algunos llaman un periodismo moderno.

Allí me junté con excelentes periodistas, a quienes estimo y respeto mucho. Entre ellos estaban la flaca Carmen Guzmán con sus sueños y devociones; Edgardo "el doctor" Ayala con sus locuras y desavenencias; Luis "el lalo" Laínez con su pluma fina y fecunda. Y Alfredito Hernández, metódico y perspicaz. Esos eran los inicios de un tiempo nuevo, de una generación que tan sólo pedía una oportunidad.

Pablito siempre tenía una idea diferente. En tanto sólo un par de minutos, proponía grandes historias, trazaba líneas con un enfoque distinto, construía grandes castillos con la mejor de las delicadezas. Con un talento nato, amaba lo que hacía.

De repente, ocurrió lo indeseable: le encontraron un tumor en el rostro, que pronto se transformó en un cáncer, que lo comenzó a devorar.

Luchó hasta el cansancio. Y nunca perdió el empeño y la alegría por la vida, a pesar de la derrota. Aún en la oscuridad, hacía mil planes. Era un devoto de la esperanza.

Un 18 de julio de 1995, el día en el se celebra el natalicio de la mujer que más he querido en esta vida, Pablito falleció. Irónicamente, ese fue el último día que se publicó Primera Plana; el proyecto también había llegado a su final.

Seis años después, los recuerdos de Pablito han vuelto con la misma intensidad y claridad. Mucho de lo que ahora soy se lo debo a él. A propósito del día del Periodista.


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