Martes 31 de julio de 2001


La columna nacional
Los articulistas como periodistas
Roberto López-Geissmann*

SALUDOS ha este gremio "cachimbón" que se ha superado profesionalmente en forma impresionante en los últimos 15 años, y que aprovecho en felicitar hoy por celebrarse el Día del Periodista. Siento la nostalgia cuando personalmente tenía mis fuentes, realizaba mis entrevistas e investigaciones; la presión con que nos exigía el entonces recién llegado jefe de redacción (en esa ocasión), Lic. Rolando Monterrosa, de quien "a posteriori" le he agradecido la verdadera cátedra que nos brindara. Uno de los trabajos más estimulantes que he tenido en mi vida, el que nunca olvidaré y que estuviera encantado en aportar algún día.

Sin embargo, los articulistas, aun cuando nunca hubieran sido reporteros o redactores, son también una especie reconocida de periodistas de los que la percepción pública tiene muchos errores. Vení que quiero que escribás "tal y tal cosa", me han dicho en innumerables ocasiones buenos amigos, políticos, empresarios y hasta meros conocidos de los que se encuentra uno "a las mil y quinientas"; claro que la mayoría lo hace sin ninguna mala intención, movidos acaso por la sana preocupación de cubrir un aspecto de la realidad, un problema nacional o particular que los ha impactado y al que quieren darle respuesta en la medida de sus conocimientos y opiniones (a menudo valiosos)... así, se le presentan a uno desde los que quieren que se escriba sobre los extraterrestres (entre los que tienen ellos contactos cercanos, claro está), hasta los que tienen la solución absoluta del problema económico nacional (a resolverse en tres meses, con toda seguridad), pasando por los que tienen la explicación detallada de uno o más de los crimenes sin solución que han llenado nuestros recientes titulares y los que claman como urgente el que se desvele algún acto de corruptela, abuso público o privado y muchos tópicos más. A veces, las menos por suerte, sus requerimientos son imperiosos y hasta bordean la orden histérica. En una sola ocasión -en muchos años- alguien tuvo la imprudencia de hasta ofrecer dinero por escribir un artículo. Aclaremos conceptos ahora.

En primer lugar la temática nacional investigativa es propia de un periodista redactor y/o reportero, quien tiene el tiempo, los recursos y los contactos para realizar una labor de tal naturaleza. Por otro lado se supone que los que escribimos artículos de opinión para la sección de editoriales vamos a presentar al estimado lector precisamente eso: una elucubración precisa sobre determinados aspectos, reales, teóricos, puntuales o genéricos, populares o intelectuales, pero que en todos los casos representen nuestro particular punto de vista, nuestra toma de posición, nuestro intento de aportar alguna reflexión, algunas veces incluso una orientación, aunque sea una sensación o compartir una aventura... que se suponen interesantes para el lector, al que en todo momento nos debemos. Pero es la nuestra, no la de nuestro querido vecino, pariente, amigo o jefe, no importa cuán profundo pueda este ser. Eso no quiere decir en absoluto que nuestros lectores y personas en general que nos rodean no puedan sugerirnos, platicarnos, decirnos sobre lo que consideran deseable que se desarrollare, por el contrario esto es vital en el periodismo precisamente, la opinión, la crítica, la lluvia de ideas, el verificar si nos damos a entender y si somos amenos, variados, claros, profundos, bayuncos, coherentes, en fin que el periodismo "vivo" requiere de tal comunicación, que no es lo mismo que imponer opiniones ajenas precisas en el seno de una columna personal de opinión. Sugerencias se oyen, se evalúan, se agradecen... traslados de opiniones de otro nunca, en mi caso.

Otro punto tan común -por desgracia en este caso- como molesto es el escuchar que te dicen "yo siempre he querido escribir" o la variante "yo tengo varios escritos -cientos a veces- pero no los he mandado"... hasta aquí todo bien, pues es digno de mérito el hombre que ha escrito (y si es mucho pues mejor aún, suponiendo que sea cierto) o que arda en el fuego intelectual-literario de organizar los tesoros de su mente en cuartillas para ser leídas por la posteridad. Repito que esto es encomiable del todo. Pero aquí viene la voltereta curva, el "chanfle", la autoalabanza lanzada al aire con velocidad de rayo y arte de prestidigitador, al afirmar a continuación sin frío en los ojos: -Yo no los he publicado (o no los he escrito) porque no he tenido tiempo. O sea que la única razón de los articulistas para escribir es el hecho de que poseen el tiempo para hacerlo. ¡Bien, sea! Entonces, aprovechando el Día del Periodista, les deseo, de un desocupado, con amor, lo mejor para todos mis lectores.


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