Martes 31 de julio de 2001


Sentido común
A vianda dura, muela aguda
RICARDO RIVAS*

Martina vive en el Puerto de La Libertad y todos los sábados sube a vender ostras a San Salvador. Mis padres fueron sus clientes desde siempre. Cuando ellos faltaron, nosotros asumimos la tradición. El otro día le pregunté a Martina cómo le iba con el negocio, y, para variar, me contestó que mal; que hoy ya no se le ganaba nada y que eso de vender mariscos estaba peor que sembrar café. Le pregunté que cómo era posible, si siempre terminaba con la matata vacía. "Pues sí -me dijo- de vender vendo, lo que pasa que ahora los costos se lo comen a una" . En eso estábamos cuando Martina se sacó el celular del delantal y me dijo que tenía que hacer unas llamaditas urgentes al Puerto. Yo me fui a bañar, me vestí y cuando iba de salida, le pasé diciendo adiós. Martina seguía con la oreja pegada al celular.

Doña Bianca tiene años de ser mi paciente. Hasta hace unos meses, su sentido del humor era cuasi insuperable. Hoy le ha cambiado el carácter. Antes y después de anestesiarla, suele dedicar parte de su más acidulado repertorio al gobierno, la dolarización, los comunistas, los bancos....¡ah! y los diputados. "Esto ya no se soporta &endash;suele decirme&emdash; nos están acabando". Doña Bianca se queja de estar en la real lipidia. Me paga con cheques post fechados y siempre hace la upa por un descuento.

El viernes pasado, doña Bianca no vino a su cita. Se fue tres semanas a la Florida a relajarse de tantas tensiones. "No hay como Key Biscayne para olvidar las presiones", me había dicho en una oportunidad mi querida paciente.

Renato es un pariente político lejano. Dice su mujer que desde que era chiquito lo acostumbraron a lo fino. Para vestirse: Dior, Ferragamo o Hermés; para leer: Serengeti o Armani; para ir y venir: BMW; para oler: Bucheron; para no atrasarse: Rolex -o Tag Heuer, mínimo-; para caminar: Gucci o Bally; para divertirse: Colorado u Orlando. El otro día me lo encontré en el estadio y estaba que bufaba. Me dijo que en su vida volvía a votar, que todos los políticos eran unos ladrones, que la situación económica era desesperante y que sólo los majes nos íbamos a terminar quedando en la "guanancia". Intentando cambiar de tema le pregunté qué se hacía en vacaciones: "Nos llevamos a los bichos a ver a Mickey", me dijo. Renato es empleado bancario.

Martita trabajó en la oficina como secretaria. Un mediodía me la encontré afanada llenando solicitudes. Una era para Visa, la otra para Mastercard; ambas estaban ya pre aprobadas. El día que se las dieron, Martita brincaba de alegría. A partir de entonces le cambió la vida; la vida, el peinado, la moda y hasta el color de los ojos. Sus ratos de ocio los invertía en Metrocentro, hasta que se le acumularon ...tres estados de cuenta.

Mi ex colaboradora vivía camino a Nejapa, en uno de los tanto "Altos" de no sé qué, allende el Acelhuate. En aquellos días tenía tres hijos. Su mamá y una tía vivían con ella. Daba la impresión de que todos estaban ahí, menos el marido. "Checho es un auténtico profesional de la vagancia", solía quejarse Martita.

Martina, doña Bianca, Renato y Martita tienen algo en común: están afligidos, y no es para menos. Yo, que les tengo aprecio, me aflijo aún más de ver cómo, a pesar de todo, no terminan de tomarse en serio aquello de que si ganamos dos no podemos gastar cuatro.

El país pasa por una situación delicada. La economía, aquí y en Kisikijstán, está apretada. Los economistas explican que la coyuntura es mundial y que los afectados somos casi todos. Dicen que, si en Estados Unidos -con crecimientos económicos envidiables (4% en 1997), tasas de desempleo menores al 4.1% y superávit presupuestarios- les arde el coscorrón, con mayor razón a nosotros, que en esta década hemos sumado a la lista de penurias globalizadas una que otra "minucia": el fin de una guerra, un huracán, dos terremotos, dos sequías, etc...

Así como están las cosas, no se necesita estudiar a Keynes o ser un Chicago Boy para comprender que, aquí, las palabras claves son prudencia y ahorro. No hay de otra. El Salvador no es el país de Alicia, la del cuento. Quienes vivan en ese sueño les caería de perlas iniciar el descenso y aterrizar. El resto, a seguir manteniendo bien puestos los pies sobre la tierra y a no perder la esperanza.

Como dice la gente: a vianda dura, muela aguda.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com