Martes 31 de julio de 2001


La Nota del Día
 

Discursos políticos en bodas religiosas

Nadie se debe extrañar que tanta gente caiga presa de charlatanes, cuando sus pastores se ocupan más de política que de moral y religión

ucho del desparpajo de las costumbres y la delincuencia que se sufre, tiene su origen en la supresión de la enseñanza de la moral en el sistema escolar, lo que venimos padeciendo desde hace tres décadas. Las reglas simples que rigen la conducta moral no se inculcan en los educandos, que egresan de escuelas y colegios sumidos en una grave confusión que les afecta a lo largo de sus vidas.

No sólo en la escuela se dejó de hablar de moral, sino también en la vida pública, en los púlpitos, en los medios de comunicación y en lo que es el debate de la problemática ciudadana. Tampoco tiene sentido enseñar valores, cuando el educando carece de nociones precisas, aunque sean elementales, sobre los dictados fundamentales de la conducta moral y lo que genera la conciencia. Los valores quedan sin base, asentados en suelo deleznable y movedizo.

Hay ocasiones en que la prédica moral es imperiosa pero que se deja de lado por motivaciones de otra naturaleza. En un par de bodas a las que hemos asistido, los curas a cargo del oficio, uno de ellos obispo, hablaron sobre la reunión del G-8, los desórdenes en Génova, el consumismo, la brecha entre ricos y pobres, etc., en vez de exaltar la familia, meditar sobre la formación de los hijos, hacer énfasis en la conducta moral o dar consejos prácticos a los contrayentes.

¿Qué tiene que ver con una boda la reunión de los dirigentes de países industriales, cuando a novios hay que hablarles de amor, de fidelidad, de su relación con la familia, de su compromiso con los hijos por venir? ¿Acaso no es más importante advertir a novios e invitados sobre los vicios que acechan a parejas jóvenes, incluyendo el juego, que criticar las políticas del primer mundo? En un momento en que una pareja de enamorados hacen realidad lo que había sido un sueño, dejarles ir una perorata sobre política internacional ni es apropiado ni es justo, ya que las personas que asisten lo hacen por los novios y las familias, no para oir de temas ajenos a la ocasión. 

La virtud inicia en la conciencia moral

Nadie se debe extrañar que tanta gente caiga presa de charlatanes, cuando sus pastores se ocupan más de política que de moral y religión. En ningún momento una diatriba partidista es "palabra de Dios", menos todavía en bodas, bautizos, misas de difuntos y oficios que se deberían ocupar de orientar a los fieles y ayudarles a sobrellevar las tribulaciones del momento.

Remoralizar a la población y, especialmente a los jóvenes, no sólo es una tarea impostergable, sino también una cuestión de supervivencia para la sociedad. No podemos pretender ser civilizados si romper la regla, abusar del otro, valerse de sinvergüenzadas, corromper el ambiente y vivir al borde de la delincuencia y la amoralidad, es la actitud de tantos.

Volvamos al asunto de los valores. Alentar a los jóvenes a ir por el camino de la virtud es posible sólo cuando se conocen y se comprenden las simples reglas morales. Ser solidario o mantener la palabra tiene sentido en alguien que no mata, roba, jura en vano o irrespeta la casa ajena, ya que el amoral cuidará los valores por cuestión de imagen y si no interfieran con sus apetencias e intereses.


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